La tragedia que vivieron los exiliados de la carretera de Almería ya no sólo ocupará un espacio en la memoria de sus protagonistas sino también un lugar en la ciudad. Ayer, cuando se cumplían 69 años del fatal episodio, se inauguró el paseo de los Canadienses, un vial urbano en el Peñón del Cuervo por el que hace años transcurría el ferrocarril y por donde pasaron miles de malagueños que huía de la ciudad en 1937, en plena guerra civil. El paseo es un reconocimiento a la labor del doctor canadiense Norman Bethune y de su equipo médico, que ayudaron a los civiles a llegar a Almería.
El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y el embajador de Canadá, Marc Lortie, fueron los encargados de descubrir la placa de bronce en la que la ciudad agradece no sólo la labor solidaria del equipo de Bethune sino también la del pueblo canadiense que contribuyó económicamente para que ésta pudiera realizarse.
«Es la primera vez que las autoridades españolas reconocen de una manera oficial la ayuda de los canadienses y especialmente la del doctor Bethune». Así de agradecido se mostró Lortie en un acto en el que además, se plantaron un olivo y un arce, árboles representativos de los dos países y del hermanamiento entre ambos. Por su parte el alcalde alabó la generosidad canadiense en un «acto de justicia y de recuerdo histórico obligado» e hizo un llamamiento a la paz.
Siempre en la memoria
«Un camión nos recogió a mi hermano y a mí a unos ocho kilómetros de Almería», recordó emocionado José Quesada, de 86 años, uno de los supervivientes de la tragedia. «Sólo tenía 17 años y no sabía quién nos rescató. Años más tarde me enteré de que este médico canadiense había salvado a mucha gente», concluyó.
Y es que, el cirujano Norman Bethune, fundador de la primera unidad móvil de transfusión sanguínea del mundo, abandonó su país con 47 años para salvar la vida a muchos españoles durante la Guerra Civil. Más tarde haría lo mismo en China, donde murió en 1939 víctima de una septicemia.
Al homenaje acudieron diversas autoridades y familiares de algunos supervivientes. Finalmente, al tiempo que sonaba 'El Canto de los Pájaros', el alcalde hizo entrega a Lortie de dos réplicas de la placa que cuelga en el paseo, una para la embajada y otra para el museo que en Canadá lleva el nombre del doctor.