C. G. / R. F. / J. C./MARBELLA / MÁLAGA
El hombre que falleció el pasado lunes en Marbella cuando era reducido por cuatro agentes de la Policía local era de nacionalidad belga, según informaron fuentes próximas a la investigación.
Este ciudadano fue reducido por una pareja de la Policía local el pasado lunes cerca de la playa de la localidad malagueña tras salir del agua vestido únicamente con un pantalón de pijama y en evidente estado de embriaguez. A la pareja de agentes le ayudaron dos ciudadanos que trabajan en las proximidades y otros dos agentes que acudieron al lugar.
El juez decidió ayer dejar en libertad con cargos, pero sin imponerles ninguna fianza, a los cuatro policías. Los funcionarios permanecerán además apartados del servicio hasta que se levante el secreto de sumario, según explicó el jefe de la Policía Local, Rafael del Pozo. Se trata de dos agentes que llevan más de 15 años en el cuerpo, un tercero con seis años de antigüedad y el último con tres. Uno de ellos fue distinguido recientemente por salvarle la vida a un bebé que estuvo a punto de ahogarse.
La tensión fue palpable a la salida de los arrestados. Familiares y compañeros quisieron protegerlos de los objetivos y protagonizaron altercados con los periodistas. Los alrededores de los juzgados de Marbella acapararon ayer toda la atención no sólo de los medios de comunicación, también de los propios policías locales que se dejaron caer durante todo el día por el Palacio de Justicia para respaldar a sus compañeros detenidos.
Calabozos
Las seis personas arrestadas por su presunta implicación en los hechos -cuatro agentes y dos trabajadores de la lavandería de un hotel cercano al lugar de los hechos- llegaron a primera hora de la mañana del martes a las dependencias judiciales. Los policías habían pasado la noche en los calabozos de la Comisaría de Marbella.
Nadie se percató de su entrada. Eran poco antes de las ocho y media de la mañana y el revuelo comenzaba poco después con la llegada de los primeros medios de comunicación y de familiares de los detenidos. Los trabajadores de la lavandería del hotel, que al parecer acudieron a auxiliar a los agentes para que lograran reducir al fallecido y ponerle las esposas, fueron los primeros en declarar ante Francisco de Urquía, titular del juzgado de Instrucción número 2. El magistrado decidió, tras escuchar sus testimonios, dejarles en libertad sin cargos.
Fue sólo el principio de una larga jornada. Antonio Ruiz Villén, hasta hace unas semanas juez titular del juzgado número 5 y que ha dejado la toga por la abogacía, se hizo cargo a media mañana de la defensa de los policías locales. Poco trascendió de sus declaraciones. Cariacontecidos, los familiares iban y venían sin mediar palabra. «Parece que la cosa va bien», comentaba de soslayo algún que otro agente del cuerpo.
Al parecer, los agentes manifestaron en sus declaraciones que no habían maltratado a nadie y que si usaron la fuerza fue porque el fallecido se mostró muy agresivo y no respondía a la autoridad. De hecho, la víctima supuestamente llegó a tirar al suelo de un manotazo el transmisor de uno de los policías, que quedó echo añicos.
Por la tarde tomaron el relevo ante el magistrado los testigos presenciales que el lunes transitaban por la calle Gregorio Marañón, quienes reiteraron que los policías se emplearon con una violencia desproporcionada contra la víctima, que perdió la vida tras ser reducido. Fuentes cercanas al caso confirmaron además que en la Policía Nacional no consta ninguna denuncia contra el fallecido por agresión, pese a que los agentes del cuerpo local aseguraron que mostró una actitud violenta con los viandantes.
Reconocimiento
Cinco personas -tres hombres y dos mujeres- testificaron ante el juez y participaron en una rueda de reconocimiento en los juzgados para identificar a los detenidos y especificar la participación de cada uno en el suceso. Algunas más se acercaron voluntariamente para ofrecerse a declarar por los mismos hechos.
Precisamente uno de los momentos de tensión lo protagonizó una de las testigos, que denunció ante el juez que había sido increpada por compañeros de los agentes que estaban de paisano en el pasillo del juzgado. De Urquía ordenó de inmediato que desalojaran las dependencias.