Marbella ha vuelto a verse sacudida por un suceso violento con resultado de muerte. No se trata esta vez de un ajuste de cuentas por asuntos oscuros, sino de una actuación policial en la que la persona a la que se pretendía detener acabó convirtiéndose en víctima mortal a plena luz del día y frente a decenas de testigos.
El suceso tuvo lugar sobre las tres de la tarde en la esquina de las calles Camilo José Cela y Gregorio Marañón, uno de los lugares más concurridos de la ciudad, poco después de que la Policía Local recibiera dos llamadas, según la versión aportada por el cuerpo de seguridad municipal, en la que se alertaba de la presencia de un individuo que iba semidesnudo en una actitud agresiva e insultando a los viandantes.
Eran las tres menos veinte de la tarde cuando la víctima -un individuo extranjero, aparentemente británico, de unos 50 años y gran corpulencia- fue visto en el paseo marítimo a la altura de la calle Gregorio Marañón. Acababa de salir del agua, pese a los poco más de 15 grados que hacía a esa hora, y vestía solamente el pantalón de un pijama. El individuo dejó el paseo marítimo y enfiló la calle Gregorio Marañón cuando fue interceptado por dos agentes de la Policía Local, que habían acudido en un coche patrulla tras recibirse las llamadas alertando de su actitud.
Los policías, según aseguraron a este periódico testigos presenciales, intentaron sin éxito detenerlo, por lo que comenzó un forcejeo. «El hombre pesaba por lo menos 120 kilos y se resistía a que lo esposaran, aunque su actitud no era agresiva. Quería que lo dejaran en paz», aseguró una de las personas que se encontraban presentes en el lugar.
Los testigos empezaron a arremolinarse en torno a la escena. Dos empleados de un hotel de la zona, al ver las dificultades de los policías, se acercaron para ayudarles. Según las fuentes próximas a la investigación, uno de ellos le sujetó un brazo al individuo para que le colocaran las esposas.
Varios testigos sostienen que los policías se emplearon con dureza y pegaron al hombre varias veces con sus porras, principalmente a la altura de la cintura. Aseguran también que uno de los agentes golpeó al detenido contra un poste y contra un coche.
Gritos aterradores
El hombre logró zafarse de los policías y comenzó a andar por Gregorio Marañón en dirección a la calle Camilo José Cela. Varios clientes de un bar situado en esa esquina presenciaron el desenlace. «El hombre daba unos gritos aterradores y los policías le seguían pegando», asegura otra testigo.
Finalmente lograron reducirlo. El individuo cayó al suelo, boca abajo, y los policías consiguieron esposarlo. Según los testimonios recabados, uno de ellos intentó inmovilizarlo con la rodilla en su espalda, pero el detenido se seguía resistiendo. En ese momento llegó el refuerzo policial: una patrulla de motoristas. El detenido seguía gritando. Testigos aseguran haber visto cómo uno de los policías recién llegados intentó acabar con la resistencia del detenido presionando sobre su cuello con la rodilla y aplastando su cara contra el asfalto. La Policía Local niega que el agente actuara de esa manera. Lo cierto es que en ese momento la víctima dejó de moverse. «Estaba azul y no respiraba», aseguran.
La policía sostiene que el hombre tenía alguna lesión interna y que pudo haber muerto de un shock o de un paro cardíaco. La versión oficial sostiene también que, una vez esposado, los agentes dieron aviso a los servicios de emergencias de que el individuo presentaba «síntomas de un ataque, puesto que movía los ojos de forma extraña y echaba espuma por la boca».
Masaje cardíaco
Al percatarse de que la víctima no se movía, los policías quitaron las esposas al detenido y le dieron la vuelta. Algunos testigos afirman que intentaron reanimarlo con masaje cardíaco. Otros lo niegan. Cuando llegaron los servicios sanitarios, sólo pudieron certificar el deceso.
El forense que acudió al lugar de los hechos pudo percatarse de que el cadáver presentaba numerosos hematomas, algunos en la cara, y una herida sangrante en el costado derecho del cuerpo.
El lugar fue acordonado por la Policía Nacional, que acudió al lugar y comenzó a recabar la identidad de los testigos mientras comenzaban a concentrarse los curiosos y se produjeron momentos de tensión cuando algunos de los presentes increpaban a los policías locales.
Durante la tarde declararon los testigos, a los que se les garantizó el anonimato, y más tarde los policías que intervinieron en el suceso, que fueron detenidos tras serles leídos sus derechos. El juez deberá decidir ahora sobre su situación. Mientras tanto, la Policía Local ha abierto un expediente y ha suspendido a los agentes en el ejercicio de sus funciones. Se está a la espera de su puesta a disposición judicial.
Hoy se le practicará la autopsia y se le realizará la necrorreseña al cadáver para conocer su filiación. Funcionarios policiales rastreraron ayer los hoteles de la zona, pero la víctima no se alojaba en ninguno de ellos. Tampoco era una persona conocida en el vecindario. Su identidad es una de las incógnitas que quedan por resolver.