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Jueves, 2 de febrero de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
El repente de la Iberoamérica amerindia y populista
Muy al inicio de los años 70 puse por vez primera los pies en tierras de América latina y del Caribe. Teóricamente iba como joven profesor de sociología del desarrollo (nos llamaban "expertos internacionales" y tal calificativo me ruborizaba) en la recién creada Escuela Centroamericana de Administración Pública, en Panamá. Gobernaba por aquellos tiempos un presidente populista, muy querido por el pueblo, Omar Torrijos. Un día murió en un 'accidente' de helicóptero. Era tal la diversidad cultural de ese país, que sin duda alguna aprendí mucho más de lo que un joven sociólogo de la 'Escuela de Nanterre del Mayo 68 francés' y de la facultad de Derecho de Madrid, podía dar de sí mismo en aquel apasionante centro interamericano de formación de cuadros. En Panamá encontré a las ancestrales culturas de los indios Cunas, isleños y pobladores en el Darién fronterizo con Colombia, que me sedujeron de inmediato con sus obras de arte de tejidos superpuestos, las 'molas'. También encontré a la población negrocaribe de la costa atlántica y de algunos barrios de la Ciudad de Panamá, entonces marginados, como 'El Chorrillo', esos herederos directos de la esclavitud de la época colonial capaces de transformar, durante el Carnaval, por ejemplo, todo el tejido urbano con sus músicas sincréticas y su sentido del ritmo. La entonces llamada 'burguesía nacional', descendientes directos de los bolivarianos y de los colonos españoles, se sentía muy satisfecha de contemplar cada día la apertura de una nueva entidad bancaria que consolidase lo que ya se calificaba como «centro financiero internacional». Todos, unos con mayor énfasis que otros, se manifestaban anti 'gringos' habida cuenta de la ocupación del canal de Panamá por los EE.UU. y de parte de la selva panameña como zona de experimentación del entonces temible 'Comando Sur' con sus alumnos 'internacionales' y con las pruebas de las bombas 'napalm' que llegaron a quemar parte de esa selva convertida en laboratorio extranjero.

Panamá era un botón de muestra de una realidad ibero-latinoamericana, muy marcada por la marginalidad, la pobreza y el 'rechazo' instintivo del indio y del negro sujetos de esa marginalidad. Iberoamérica, con índices de desarrollo mucho más altos que la mayoría de los países del África negra, casi 35 años después de mi llegada a Panamá, no logró erradicar la pobreza, no logró -salvo contadas excepciones como Costa Rica, Uruguay y Cuba- una escolarización primaria universal. (En honor a la verdad, el nivel educativo y las tasas de escolarización en Cuba antes de la revolución castrista, era de lo mejor en la región y se ponía como ejemplo).

Llamando las cosas por su nombre, América latina (incluido Brasil) fue para los sucesivos gobiernos de los EE.UU. 'su' zona de influencia, mientras que la España 'del imperio hacia las estrellas' se dedicó a cultivar y a apoyar a todos los dictadores que venían a Madrid a rendir pleitesía al general que nos gobernaba y que luego iban a Washington para literalmente 'vender' sus países y a hacer negocios personales y para las 'familias' que les apoyaban, así como para la cúpula de los ejércitos golpistas. Cierto es que la política exterior de España respecto de Iberoamérica cambió sustancialmente con la 'transición democrática' en nuestro país. Zona de influencia, sometida al área del dólar, envía a formar a sus futuros cuadros dirigentes a costosísimas universidades norteamericanas y los cuadros militares a la academia de West Point. Pero las zonas de pobreza y de marginalidad, las poblaciones indias prácticamente 'anuladas', junto a importantes niveles de corrupción, han ido perpetuándose al tiempo que se creó una fuerte tensión en el interior de las fronteras de esa 'zona de influencia' entre la política exterior norteamericana y la creación de entidades políticas regionales (como el MERCOSUR o el Pacto Andino muy debilitado) por algunos países de la región con el apoyo y participación de países como España, Francia, Alemania, el Reino Unido e incluso Japón. En medio de esas tensiones, los inversores desconfían porque ven cómo los capitales 'nacionales' huyen, se evaden, hacia el extranjero. Decir extranjero está comprobado que se trata de Estados Unidos. (La bancarrota argentina fue y es el ejemplo de referencia). Estos hechos los pude comprobar personalmente hasta 1993 a través de mi participación como observador en todas las conferencias regionales de ministros de educación y de ministros de la planificación económica en América latina y el Caribe. Los informes de la CEPAL sobre la pobreza y la marginalidad eran una constante cuya solución está pendiente. Esas tensiones han llevado, a veces en nombre de la lucha contra la corrupción y con el apoyo de pobres e indios, así como de una clase media en proceso de pauperización, a triunfos electorales de marcado signo populista en Argentina, Brasil, Paraguay, Perú y Venezuela, cuyos resultados de buena gobernabilidad, de erradicación de la pobreza, de la integración económica y del respeto de la diversidad cultural, están por ver. El caso del gobierno centro-izquierda (socialistas y democristianos) en Chile, con una economía bastante saneada, está cargado de especificidades democráticas frente a una dolorosísima dictadura de Pinochet. Y el caso del triunfo electoral de Evo Morales en Bolivia, es todo un símbolo de la fuerza política que puede encarnarse en las viejas tradiciones culturales amerindias, capaces de dar un salto a la modernidad sin traicionar sus especificidades y capaces además de convertirse en un polo federativo de otros sectores de la sociedad boliviana, asumiendo la diversidad cultural y el diálogo democrático intercultural. Al indio Morales le tocará hacer la 'revolución burguesa y liberal' y la modernización social que sus predecesores no hicieron. Los países de Centroamérica también atraviesan por semejantes tensiones con tendencias políticas de signo democrático, en donde las poblaciones indias tienen un peso considerable según los casos. Todas las salidas políticas lo han sido por vía electoral constitucional. Por el respeto de los métodos democráticos y por sus resultados la historia los juzgará, aparte las urnas.

La especificidad de Colombia merece un párrafo aparte. Un país con democracia constitucional,con una diversidad cultural muy activa y con una fuerte clase política. El presidente Álvaro Uribe, que, según me dijeron recientemente en Bogotá, ha sido el primero en visitar zonas del país que ninguno de sus predecesores llegaron a visitar, se enfrenta, no solamente a problemas que son comunes a otros países de Iberoamérica, -la pobreza, en primer lugar, que es un problema de justicia, los residuos de las prácticas feudales, el fraude y ciertos niveles de corrupción que amenazan toda estabilidad cuando se convierte en estructural-, sino también al narcotráfico (problema compartido con algunos países andinos), y a organizaciones ilegales llamadas guerrilleras que utilizan prácticas y métodos terroristas.



Vocento