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Jueves, 2 de febrero de 2006
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El fiscal del caso de asesinato acepta una reducción de pena para Bobes
La modificación disminuye de tres años a un año y seis meses El acusado de encubrimiento ratificó que la voz de las cintas era la suya La defensa alega que las pruebas objetivas son insuficientes
El fiscal del caso de asesinato acepta una reducción de pena para Bobes
ACUSADOS. Miembros de la acusación y la defensa junto a Bobes (tercero por la izquierda) y Tomas (primero a la derecha). / G. TÉLLEZ
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El testimonio de los peritos, la aportación de documentos y la audición de cintas con conversaciones telefónicas pusieron fin ayer a las pruebas del juicio que se celebra en la Sección de Algeciras de la Audiencia Provincial contra Michael Tomas y Mario Bobes. El primero está acusado de haber cometido el asesinato de Constantin Migachov en 2003 y el segundo de haber encubierto el delito.

La sesión se prolongó por la tarde. Fue antes de la presentación de las conclusiones finales al jurado cuando el Ministerio Fiscal propuso que se redujera la pena solicitada para Bobes de tres años a un año y seis meses, dado que presunto encubridor había reconocido su participación.

Tres impactos

El forense explicó que llegó al lugar del crimen sobre las cinco de la mañana, donde encontró a la víctima tumbada boca arriba rodeada de manchas de sangre.

Migachov presentaba tres impactos, uno en la base del cráneo, que podría haberle derrumbado; uno en el maxilar superior que le había arrancado las piezas dentales y uno en la región orbital izquierda. Todo ello, según el forense, evidenciaba un golpe de «tal potencia que al principio se pensó que era un arma de fuego».

El estudio posterior reveló que el arma utilizada había sido una macheta o un martillo. El forense añadió que el fallecido carecía de heridas defensivas, por lo que el ataque debió hacerse desde atrás y le hizo caer de espaldas.

La segunda perito, al contrario que el anterior testigo, después de consultar en numerosas ocasiones sus notas y a preguntas muy concretas del abogado de Tomas, dijo que Migachov pudo caer de frente y que la agresión pudo ser causada por una barra metálica, extremos que habían sido completamente descartados por el experto.

Conversaciones

Posteriormente, los asistentes a la audiencia pública escucharon las grabaciones de varias conversaciones. La primera de ellas reproducía un diálogo entre Bobes y su jefe, en el que éste le decía que la Guardia Civil había ido al negocio preguntando por él para que acudiera a prestar declaración. Bobes se comprometía a ir, algo que efectivamente hizo. En una llamada posterior el jefe le insistió en que no podía faltar.

En la siguiente grabación Bobes daba a Tomas los detalles del encuentro con la Guardia Civil, que le enseñó retratos robot. Tomas le hacía numerosas preguntas sobre el interrogatorio, qué sabían.

«¿Te han dicho que intentes recordar». «¿Te han preguntado por la persona que estaba contigo?». «¿Eran los mismos que te atendieron la primera vez?. «¿Estaban tranquilos?», fueron algunas de las cuestiones de Tomas. Bobes dio respuestas tranquilizadoras como «fíjate si estamos tan descartados que hasta han perdido mi móvil».

Finalmente, Mike dijo: «Macho, increíble, espero que no vuelvan a venir» o»yo creo que no hay una prueba evidente de nada, digo yo», continuó Bobes, «[...]si insisten de verdad no hay nada porque no tienen nada».

Los agentes, como aclaró el ministerio público posteriormente, utilizaron una supuesta trama de «rusos» para que Bobes se creyese fuera de toda sospecha y convenciera a Tomas de regresar a Marbella, su lugar de residencia.

Sospechas

Las cintas fueron grabadas por el equipo de investigación después de haber recibido la autorización judicial, ya que los imputados y la furgoneta habían sido identificados por vecinos de San Roque y los agentes averiguaron después que eran concuñados. Sin embargo, no era suficiente para la detención, por lo que se procedió a interceptar las llamadas.

En la última grabación Tomas conversaba con Bobes y con su esposa, a quien le manifestó sus dudas sobre la seguridad de la línea telefónica (el teléfono móvil de la mujer) por la que hablaban. La esposa le comentaba los apuros económicos por los que pasaba la familia en esos momentos y Tomas le anunciaba que le enviaría dinero porque estaba cerrando un negocio legal para vender proteínas a deportistas y gimnasios.




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