¿Se puede controlar Internet, el mayor y más abierto foro de debate del mundo? Aunque parezca imposible, eso pretende el Gobierno chino, que viene promulgando desde hace una década una severa legislación que se ha ido endureciendo a medida que aumentaba de forma espectacular el número de adeptos al ciberespacio. No en vano, el coloso oriental es ya, con 105 millones de personas, el segundo país con más internautas del planeta, sólo por detrás de los 159 millones de Estados Unidos. El último logro del Gobierno chino ha consistido en someter al principal buscador del mundo, Google.
El portal anunció la semana pasada que iba a eliminar los contenidos más comprometidos para el régimen comunista en su recién estrenada página web en mandarín. Entre dichos asuntos, destacan todos aquellos en los que aparezcan términos como 'democracia', 'derechos humanos', 'Tíbet', 'independencia de Taiwán' o 'manifestaciones'.
Contra esto, sólo cabe agudizar el ingenio, y eso es lo que están haciendo los internautas y los 700.000 'bloggers' registrados, que han llegado a crear para ello un nuevo lenguaje. Así lo hace Wang Yi, un abogado y profesor de la Universidad de Chengdu, capital de la provincia sureña de Sichuan, cuyo 'blog' crítico con el sistema judicial chino fue bloqueado poco antes de que la radio alemana Deutsche Welle y la asociación Reporteros Sin Fronteras lo nominaran en octubre pasado a un premio en defensa de la libertad de expresión.
Usan palabras clave
«Sería una ironía que una página web que no existe se alzara con dicho galardón, pero no se trata de ganar, sino de darle una bofetada a la situación de Internet en China», escribió entonces Wang Yi en su bitácora, que ha tenido que refundar para poder seguir vertiendo sus opiniones en la Red.
Los usuarios más comprometidos políticamente deben recurrir a numerosos trucos para sortear la Gran Muralla cibernética del régimen. Según explicó Zhang, un veinteañero que frecuenta los cibercafés de Chengdu, «el control es bastante grande, pero hay formas de eludirlo». Como muestra, y con mucha cautela para no desvelar todas sus cartas, teclea en el ordenador 'C.P.' y 'J.P.', que se corresponden con las siglas en inglés y en mandarín de 'policía china'. Al instante, aparecen decenas de artículos que denuncian los abusos y la persecución de los agentes contra los emigrantes rurales. La búsqueda del término 'go-vern-ment' (gobierno, con sus sílabas en inglés fragmentadas) desencadena una hilera de textos que critican las desigualdades sociales del país.
Asuntos más sensibles como los ataques al Partido Comunista o el apoyo a la independencia de Taiwán se solventan escribiendo términos como 'Mao' o 'T. W.', aunque el bloqueo de estas páginas suele ser tan contundente como el que afecta a los que defienden a la secta 'Falung Gong' o propugnan la independencia del Tíbet y el fin del exilio del Dalai Lama.
Y es que China ha desarrollado un dispositivo de vigilancia y filtrado de la Red que, según el Centro Berkman de la Escuela de Leyes de Harvard, es el «más sofisticado del mundo» al emplear a 30.000 controladores que monitorizan el ciberespacio en busca de palabras prohibidas y hasta pueden leer correos electrónicos privados o descubrir quién ha visitado portales. Para ello, Pekín se ha dotado de la más moderna tecnología.