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Martes, 31 de enero de 2006
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OPINIÓN
LA TRIBUNA MALAGUEÑA
El estatuto de 'los (s)uevos'
Ahora que lo pienso, ¿no será este nuestro hecho diferencial: que no estamos a favor de las diferencias si suponen establecer castas, clases o niveles?
PROPONGO a nuestros dirigentes políticos que en la próxima reforma del Estatuto de nuestra Autonomía querida marquen el hito de nuestro hecho diferencial en la aparición en este planeta del primer ser que pueda considerarse persona. Ese homínido o mujerínida que con amor le pasó una raíz a su vecino para que se alimentase, que le miró a los ojos y vio algo más que un espejo o un estanque, que penosamente empezó a decorar su cueva, a buscar las palabras, a llorar de alguna emoción.

Propongo además que poco importe su color, su pelaje, su lugar de nacimiento o sus creencias, si ha tenido tiempo el pobre de adquirirlas entre depredador y búsqueda de alimento.

Propongo que no prefijemos su nombre ni su idioma, porque su opinión ampliamente difundida es que espera que todos le demos un nombre que a ambos nos guste, sin descartar el mote cariñoso, y en cuanto a idioma, con tal que pueda entenderse, le da igual.

La verdad es que tengo confianza en que mis propuestas prosperen y es que me siento al hacerlas un andaluz medio: nos encanta recibir a cualquiera en casa, nos hacen gracia nuestros diferentes acentos, no digamos las pilas que nos ponemos para entender a nuestros amados guiris, casi todos tenemos un equipo deportivo de allende nuestras fronteras en el corazón (lo reconozcamos o no) y, puestos a elegir, en infinidad de ocasiones nos parece mejor lo ajeno a lo propio.

Es verdad que la plasmación legal de esta propuesta afronta no pocos obstáculos. Por ejemplo, ¿Se molestarán los neandertales de Zafarraya, los íberos de la Cueva de la Araña, los simpáticos fenicios, amantes de viajar y poner casa en destino, los tartésicos, los griegos, los cartagineses, los romanos, los visigodos, los árabes, los cristianos, las suecas de Torremolinos (no confundir con 'los (s)uevos'), etc.?

Creo que no, sinceramente. Unos a otros se pasaron el testigo de la tolerancia, la orientación hacia la creación de una gran familia y el gusto por compartir las diferencias y enriquecerse mutuamente.

Ahora que lo pienso, ¿No será éste nuestro hecho diferencial? : que no estamos a favor de las diferencias si suponen establecer castas, clases o niveles?

¿Tendrá algo que ver con esto el lema del himno de nuestra amada región por Andalucía, España y la Humanidad?

Citando a Homero (Odisea IV 635 y ss.), por aquí se encuentra la Llanura del Elíseo (Campos Elíseos más tarde con Estrabón), resumidamente el Paraíso.

Para conseguir tal Denominación de Origen sin gastar un dineral en promocionar una vuelta ciclista y con lo complicado que es contar con el voto de los griegos para eventos internacionales, ya se imaginan que base suficiente debía haber, desde tan lejanos tiempos.

Sentado el origen de nuestro hecho diferencial, me gustaría proponer algo en relación con su destino: hagamos que la meta, el objetivo, se alimente de estos principios de igualdad, solidaridad y mejor desarrollo de la persona en su entorno natural.

De este modo Rechila el suevo podrá retornar a Ronda sin guerrear y, puestos a ser generosos podríamos invitar a los demás redactores de los diferentes estatutos de 'los (s)uevos que andan por ahí, para enseñarles nuestro sistema. ¿No les parece?



Vocento