El escándalo generado por el profesor James E. Hansen, el máximo responsable de la NASA en cambio climático, que ha acusado a la Administración Bush de censurarle sus pesimistas advertencias, está sirviendo para relanzar un inquietante debate internacional sobre si el confirmado incremento de las temperaturas en la superficie terrestre estaría llegando a un punto sin retorno. Una disputa en la que la Administración Bush sólo es partidaria de usar medidas voluntarias para ralentizar el crecimiento de emisiones contaminantes relacionadas con el efecto invernadero.