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Miércoles, 25 de enero de 2006
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MUNDO
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La derecha deberá pactar con el bloque independentista en Canadá
A primera hora de ayer el primer ministro canadiense, Paul Martin, llamó a la gobernadora general Michaëlle Jean, anacrónica representante de la reina Isabel II de Inglaterra, para presentarle su dimisión. Horas después el líder conservador, Stephen Harper, tomaba un avión a Ottawa para preparar su transición al poder. Así de sencillo parecía el histórico cambio de ideología en el Ejecutivo, que tanto miedo provocaba en algunos. Lo difícil, sin embargo, será gobernar, ya que la modesta victoria obtenida el lunes obligará a Harper a pactar su agenda con los nuevos demócratas y el bloque independentista.

El principal periódico del país, 'The Globe and Mail', recordaba sarcásticamente a sus lectores que «no es un crimen ser conservador», ni siquiera en Canadá. «Harper no estará liderando un ejército de hunos hacia el Parlamento», decía en su editorial.

El Partido Liberal ha gobernado al segundo país más grande del mundo después de Rusia -con menos habitantes que España- durante más de doce años. Los escándalos de corrupción que dejó el ex primer ministro Jean Chretién durante sus tres mandatos vinieron a explotarle en las manos a su sucesor, pese a no estar implicado en ellos. Martin, de 67 años, renunció también ayer al liderazgo de su partido, que ha perdido treinta escaños en las elecciones.

Victoria del campo

La victoria de Harper, uno de los gobernantes más jóvenes que ha visto el país, y uno de los pocos que proceden de la provincia occidental de Alberta, motor energético del país, supone también, a grandes rasgos, la victoria del oeste contra el este y del campo contra la ciudad. Pero, aunque fuese sólo por población, eso no hubiera bastado de no haber tenido la capacidad de arrancar votos al Partido Liberal y al Bloc Quebécois. Este último ha perdido dos escaños, mientras que los Nuevos Socialdemócratas han subido once. El único independiente del nuevo Parlamento es el ex locutor de radio Gilles Duceppe, conocido por no tener pelos en la lengua.

Harper se opone al aborto y a los matrimonios gays, está en contra del control de armas pequeñas, defiende la participación en el sistema antimisiles de EE. UU. y se aleja del tratado de Kioto. Pero ante la necesidad de pactar cada medida con tan extraños socios, el primer ministro electo ha negado que estas medidas estén ahora en su agenda.



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