LA política andaluza se ha deslizado en las últimas horas entre susurros y gestos contenidos. Y es de agradecer después de tantos gritos apocalípticos oídos y soportados a lo largo de las últimas jornadas. Porque parte del procerío político, por no decir la mayoría aplastante, tan inseguro en sus convicciones y tan débil en su esqueleto cultural, se resiste a aceptar, por razones de supervivencia, que el pueblo desdeña los trazos gruesos del anuncio apocalíptico y la demagogia de sal gruesa. Pero hay que tener vocación de samaritano y radical talante trapense para intentar aceptar como inevitables las notorias limitaciones de ese variopinto grupo social que se erige por veredicto de las urnas como administradores de los intereses generales.
En los tiempos que corren, tal vez fue siempre así, la comodidad de las conciencias está en los lugares comunes establecidos y en la moral de guardarropía. En todos los ordenes de la aventura de la vida. Pero está la autoestima y la necesidad de salir a cuerpo a la intemperie.
Hay que ir a lo concreto. Se confirma el idilio andaluz PSOE-IUCA, aunque solo sea como réplica a ese «rapto de las sabinas» protagonizado entre PP y PA, en lo concerniente a la reforma del Estatuto andaluz. A falta de morbo, tenemos la posibilidad de acuerdo expedito merced al acuerdo alcanzado con el Estatut de Cataluña. Porque es cierto lo que decía el errante (de errar, caminar, buscar, discernir, sopesar, sobrevivir) Arenas: «En Andalucía no tenemos problemas autonómicos». Pero, ¿qué hace el maltrecho PA en los brazos llenos de cicatrices del sufrido PP? Quizá es que no ha tenido otra opción, sin descartar que estemos ante un caso de pasión incontrolada. Pero ni aún así. Ayer mismo, la gerontocracia del PP anunciaba una proposición de ley que permitiera celebrar un referéndum nacional sobre el Estatut. ¿Le seguiría después otro referéndum nacional para deslegitimar el 28F andaluz? ¿Y si metiéramos en la cárcel a todos los contrayentes de matrimonios entre homosexuales? Se aproxima el día del Juicio Final, pecadores.