diariosur.es
Lunes, 23 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA EL PERIÓDICO ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
LO + BUSCADO
Dietas
-
Rebajas
-
Descanso en la nieve
-
Academias
-
Recetas vegetarianas
-
Antivirus
-
Sudoku
-
Predicciones 2006
-
Música MP3
-
Juegos PC
-
Logos Melodías
VIVIR
VIVIR
Depresión y matrimonio
Los altibajos emocionales provocan no sólo problemas a nivel individual, sino alteraciones en el ámbito familiar
PÉRDIDA. Los especialistas discrepan sobre la relación causa-efecto entre la depresión y los fracasos sentimentales.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
TÉCNICAMENTE no es lo mismo estar deprimido que tener una depresión. Dos expresiones que a simple vista parecen equivalentes, no lo son para los especialistas en salud mental. Se sabe que el 20% de las personas que acuden al médico de familia lo hacen por sentirse tristes, desanimadas, con ganas de llorar, con pocas fuerzas para afrontar los retos del nuevo día, aquejadas de dolores de incomprensible origen o sentimientos de impotencia e inutilidad; pero también tenemos la experiencia de que, en unas horas o pocos días o incluso ante la aparición de una buena o agradable noticia, nuestro estado de ánimo cambia.

Al paciente que tiene una depresión no le sucede lo mismo. Ante un Episodio Depresivo Mayor (EDM) le fallan las fuerzas, se siente triste, apagado, fatigado, conmovido por cualquier evento desgraciado del mundo, con ganas de llorar y sin querer ver a nadie. Siente insuficiencia y desesperanza, quiere estar solo, acostado, sin perturbaciones, sin apetito y con el sueño roto. Además, no puede desempeñar con normalidad su trabajo habitual y se ven afectadas las relaciones sociales, conyugales y familiares.

Las causas son variadas

Respecto a las causas, por un lado existen diferentes factores biológicos, pero cada vez más cobran mayor importancia los factores psicosociales. Desde los estudios neuroquímicos llevados a cabo durante las últimas décadas del siglo pasado se conoce que varios neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina desempeñan un papel determinante en la aparición de la sintomatología depresiva.

Los factores etiopatogénicos psicosociales pueden dividirse en dos grandes grupos: los que están relacionados con situaciones estresantes para la persona y los relacionados con el soporte social. Se sabe que el riesgo de padecer un trastorno depresivo se multiplica por tres si existe un 'acontecimiento vital estresante' (AVE) en los seis meses previos al inicio de la sintomatología.

Los acontecimientos que más influyen en la aparición de un episodio depresivo mayor son los referentes a 'pérdidas', es decir, la muerte de un cónyuge o familiar, una situación de separación o divorcio, jubilación, situación de desempleo, enfermedad o el abandono del hogar de algún cónyuge. La adaptación y satisfacción conyugal desempeñan un papel importante en la producción y mantenimiento de los síntomas depresivos, aunque todavía hoy no está resuelto el llamado 'problema de la causalidad'.

Existen estudios contradictorios referentes a si la depresión es previa a la disfunción conyugal o consecuencia de ésta. En los últimos años se cree que la influencia puede ser mutua y que, además, podría existir una tercera variable que medie entre los otros dos, es decir, factores de personalidad, dificultades en las relaciones sociales, autoestima de los esposos, desigualdades de poder en el matrimonio, etc.

Un cuadro combinado

La depresión provoca alteraciones de la comunicación en el ámbito conyugal y familiar, alteraciones de las relaciones sociales y aumento de las dificultades en la resolución de problemas. Del mismo modo, una mala relación conyugal puede aumentar entre 10 y 25 veces la probabilidad de padecer un trastorno depresivo mayor. Sin embargo, la asociación de un cuadro psicopatológico depresivo e insatisfacción conyugal puede aumentar hasta un 70% el riesgo de separación matrimonial.

Se conoce que el grado de satisfacción en el matrimonio empeora tras los primeros diez años, aunque esta cuestión depende, entre otros factores, del patrón familiar, los hijos, la situación económica de la familia, la capacidad de comunicación del matrimonio, etc. Tres factores tienen especial importancia en la satisfacción del matrimonio, las características personales de los cónyuges, ciertos acontecimientos estresantes que pueden poner en riesgo la estabilidad conyugal y las habilidades de las que disponga el matrimonio para resolver sus problemas.



Vocento