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Lunes, 23 de enero de 2006
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MÁLAGA C.F.
 Actualizado: 10.48 p.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
OCASIÓN. Paco Esteban se resbala y no logra rematar en la segunda oportunidad que tuvo. / CARLOS MORET
FÚTBOL. PRIMERA DIVISIÓN (VIGÉSIMA JORNADA DE LIGA)
El Málaga volvió a perder y, sin embargo, Antonio Tapia fue despedido con aplausos por el sector de Fondo. La undécima derrota y la caída a la zona de descenso suponen dos claras consecuencias del cúmulo de desaciertos: la planificación de Manuel Ruiz Hierro (encima el filial es colista), la incapacidad del secretario técnico y de Antonio Mendoza para mantener a hombres como Juanito y Baiano, la perenne cicatería en invertir en futbolistas, el efecto bumerán del 'caso Duda', las consabidas limitaciones organizativas y ofensivas del equipo, la falta de reacción de los jugadores y las dudas del entrenador. El Celta necesitó muy poco para apuntillar a un equipo moribundo y que se desangra.
 
ANÉCDOTAS EN BLANQUIAZUL
LOS nuevos tiempos han impuesto la redefinición de lo que se denomina goleada. Es frecuente encontrarse con marcadores calificados como tales cuando antes no merecían tal denominación. Un 3-0, ¿es una goleada?. Para los tiempos que corren, puede. Pero para cuando en nuestro país se puso en marcha la competición de la regularidad, apellidada Liga, no era así. En 1996, Alfredo Relaño, director de 'As', en 'Futbolcedario', consideraba como goleada marcar de cuatro goles para arriba. Cuando el techo de las goleadas se fijó en cuatro goles para arriba, ya las tácticas se habían adueñado del balompié y la máxima de 'la mejor defensa es un buen ataque' había desaparecido del lenguaje de los entrenadores.
 

Vocento