¿QUIÉN dijo que la vida de un niño es fácil? Madrugones diarios, largas mañanas frente al profesor, exámenes... y, por si fuera poco, clases de baile, entrenamiento y academia de inglés. La jornada de los más pequeños de la casa no tiene nada que envidiar a la de sus padres. Horario intensivo. Y no de funcionario precisamente. Pueden empezar a las siete de la mañana y terminar doce horas después. La 'culpa' es de las actividades extraescolares. Contribuyen a reforzar conocimientos y a fomentar la creatividad, la disciplina, el desarrollo personal y la integración en grupo. Sin embargo, una saturación puede volverse en su contra. Hasta el punto de provocar estrés, ansiedad, falta de concentración y fracaso escolar.