La verificación de la autoría de una partitura musical cuenta con menos apoyos técnicos: los rayos X y el carbono 14 sirven de bien poco a los investigadores que quieren averiguar si esa obra que se ha atribuido durante mucho tiempo, a veces siglos, a un compositor fue realmente escrita por él.
Algunas falsas atribuciones han sido intencionadas. Se sabe con absoluta certeza que no pocas obras de Felix Mendelssohn fueron en realidad escritas por su hermana Fanny. Ésta, al parecer, accedió en el convencimiento de que las piezas tendrían una mayor difusión si aparecían con la firma de su hermano. También influyó el hecho de que naciera en el seno de una familia muy acomodada, en la que, siguiendo los patrones sociales al uso, las mujeres sólo debían dedicarse a cuidar de su esposo e hijos y a la vida social. Un caso que se repitió, un siglo más tarde y en otro ámbito artístico, el de la literatura, en España: Gregorio Martínez Sierra, a quien se debe, entre otras cosas, el texto de 'El amor brujo', de Manuel de Falla, figuró mucho tiempo como autor de las obras escritas por su esposa, María de la O Lejárraga.
Más ventas
Razones bien diferentes están en el origen de otros casos de enmascaramiento. Quizá el más llamativo es el de 'Il pastor fido', que hasta hace bien poco figuraba en el catálogo de obras de Vivaldi. Ahora se sabe con certeza que esa colección de piezas para flauta fue escrita por Chédeville, un músico francés mucho menos conocido que el cura veneciano, que al atribuirle a éste la autoría pretendía vender más partituras y obtener así un beneficio mayor (el cobro de derechos de autor tal y como hoy lo conocemos fue establecido por Verdi y el editor Riccordi siglo y medio después). El engaño se mantuvo desde la primera parte del siglo XVIII hasta finales del XX.
El hecho de que la música tuviera mucho tiempo una función claramente instrumental hizo que numerosas partituras ni siquiera se firmaran. Durante una o dos generaciones se sabía quién las había escrito; después, en parte porque hasta el siglo XX se ha interpretado casi exclusivamente la música del momento, el autor caía en el olvido. Cuando alguien las 'descubría', se hacía muy difícil conocer exactamente al autor. Por esa razón, numerosas piezas de música antigua y barroca son todavía hoy objeto de estudio, en busca de una autentificación razonable. Hace bien poco, por ejemplo, mientras trabajaba los materiales para una grabación, el cantante y director Josep Cabré descubrió que un motete de las 'Vísperas' de Juan García de Salazar no era en realidad de este compositor alavés que desarrolló casi toda su carrera en la catedral de Zamora, sino de Tomás Luis de Victoria. Otra autoría confundida durante siglos.
A veces es la desbordante fertilidad del autor lo que propicia la confusión. Es el caso de Bach. Casi 150 obras que se creyeron suyas durante mucho tiempo (y que tienen el correspondiente número en el catálogo BWV) no fueron en realidad escritas por él. En un puñado de ellas se ha establecido el verdadero autor -las hay de Telemann, pero también de varios de sus hijos y de músicos que hoy están completamente olvidados-, pero aún quedan muchas en las que lo único que se sabe a ciencia cierta es que no salieron de la misma mente creadora que las 'Variaciones Goldberg'.
Autores modestos
Sucede también con Mozart. Pese a que los estudios sobre el salzburgués comenzaron poco después de su muerte, y que su popularidad no ha decaído ni un momento, la confusión afecta al menos a dos docenas de sus obras. Hoy se sabe que unas cuantas son de autores que figuran en un lugar muy modesto en la historia de la música, pero otras fueron escritas en realidad... por su padre Leopold.
Moverse por el catálogo de Haydn es como adentrarse en un laberinto. Un laberinto en el que se perdía su propio autor. En dos ocasiones, una con poco más de treinta años, y otra ya en la vejez, Haydn intentó ordenar y enumerar sus creaciones. Difícil empeño.
Tanto que al comienzo del último de esos catálogos asegura que recoge en él «las obras que recuerdo aproximadamente haber compuesto entre mis 18 y mis 73 años». No es extraño por ello que haya colecciones completas de 'sus' obras que en realidad ha podido comprobarse que no eran suyas. Es lo que sucede con los seis cuartetos op. 3 (Hob. III, 13 a 18), que ahora se atribuyen ya sin mayor duda a Romanus Hoffstetter.
El mayor problema de Franz Joseph Haydn respecto de la autoría de algunas obras no es ése, sin embargo, sino uno de un calado más profundo. Porque, ¿qué sucede con un artista cuando se descubre que entre las obras que en realidad no son suyas figuran algunas de las más famosas? Es exactamente lo que le ha pasado a Haydn.
Hace algo menos de medio siglo se descubrió que una de sus partituras más conocidas, la 'Sinfonía de los juguetes', había sido escrita en realidad por Leopold Mozart. Aún hay más: puede que 'su' melodía más famosa esté en el cuarteto Hob. III, 17, en el 'andante cantabile' conocido como 'Serenade'. Una obra que muchos han considerado la que mejor sintetiza el espíritu de la música de Haydn. Sólo que desde hace algún tiempo se sabe que la obra la escribió Hoffstetter.