El pequeño Pablo mira con fijeza a la cámara. Demasiado serio para un niño de cinco años; pero no está enfadado, sólo tensa la cara para soportar el dolor del pellizco que su hermana Lola le está dando en la pierna. Quiere salir bien en la foto y no piensa inmutarse. La estampa de los pequeños Ruiz Picasso -la mirada oscura y profunda de Pablo- vigilaba ayer la presentación de los actos organizados por el Ayuntamiento para conmemorar el Año Picasso -el 125 aniversario del nacimiento del artista- una efeméride a la que su ciudad natal se incorpora un poco más tarde que otros enclaves de su vida como Madrid, Barcelona o París, que detallaron sus iniciativas hace varias semanas.