PARA los que padecemos la fiebre de las primeras ediciones, pocos lenitivos tan eficaces como los catálogos de los libreros de viejo, y entre estos los que publican esas tiendas que han alcanzado celebridad mundial por la cantidad de tesoros que componen sus inventarios y por los precios inalcanzables con que protegen a esos tesoros. Sé de bibliófilos que, extenuados por esa fiebre malsana, decidieron, con un golpe de voluntad extraordinario, abandonar las búsquedas con que pacientemente aumentaban sus colecciones, para abrir una nueva vía de coleccionismo: se dedicarían a coleccionar los catálogos de los mejores libreros de viejo. Algunos de ellos están exquisitamente editados, con un cuidado y una excelencia de los materiales que para sí quisieran muchas editoriales profesionales. Tengo entre mis manos uno de esos catálogos: el catálogo número 100 de la librería Ulysses, uno de los templos inevitables en el circuito internacional de los que padecemos la fiebre de las primeras ediciones.
La tienda, con su fachada negra y su escaparate que infartaría a Kien, el protagonista de la novela de Elias Canetti 'Auto de Fe', está en el 40 de Museum Street, en pleno barrio de Bloomsbury. Nada más entrar te das de bruces con unas cuantas vitrinas que llegan del suelo al techo y que custodian libros que valen más de 100 libras cada uno, según se aviene a informar la librera, una señora que hace lo que puede por no parecer más mayor de lo que es. Se ve que está orgullosa de los tesoros que tiene a cargo, así que se obliga a avisar al curioseador de que allí no va a encontrar ninguna ganga de la que pueda enorgullecerse luego. Es difícil encontrar gangas en las librerías fundamentales del circuito: lo avisaba Connolly en un artículo que cualquiera de los que padezcan la fiebre de las primeras ediciones haría bien en tatuarse en la corteza del alma. En ese artículo el autor de 'La tumba sin sosiego' dice que las mejores librerías para encontrar primeras ediciones sin tener que pagar lo que verdaderamente valen son las de las pequeñas ciudades o las del extrarradio de las grandes ciudades. En pleno centro de Londres encontrar a un precio asequible una primera edición importante es como, yo qué sé, encontrar a la mujer de tu vida entre las invitadas a un programa rosa de la televisión.
No importa que no compremos nada: mirar es un placer constante para el que padece la fiebre de las primeras ediciones. Tocar primeras ediciones que uno nunca había visto antes sino en fotografía. El 'Paterson' de William Carlos Williams, la antología de poemas de Marianne Moore que hizo para Faber T. S. Eliot, el primer libro de Auden editado por su amigo Stephen Spender, los 18 poemas inaugurales de Dylan Thomas, la primera edición, publicada a expensas del autor, de 'El Amante de Lady Chaterley' de D. H. Lawrence. Todos están tras el cristal. Luego hay un pasillo donde se alojan los libros que valen menos de 100 libras, aquellos que sí permiten que se les toque. La mayoría cuestan 99 libras, y ahí está todo Lawrence Durrell, y muchos libros de Eliot, y otros muchos de Aden publicados por Faber, quizá el editor más exquisito del siglo XX, y ¿cómo que no podríamos conseguir una buena pieza a precio razonable? Me esperaba en la B de Barnes la primera edición con carátula de 'Nightwood' de Djuna Barnes, 1936, publicada por Faber, una de las más hermosas, intensas, poéticas narraciones del siglo XX. La leí hace veinte años -cada vez empiezo más frases así-, y quedé sobrecogido a pesar de que no entendía nada: era una historia de pasión desbordada entre mujeres matizada constantemente por la intervención de un charlatán que se hacía llamar Doctor y que soltaba larguísimos monólogos trufados de aforismos memorables, de imágenes rompedoras. La protagonista, enamorada de una joven a la que acoge después de que ésta haya huido de su marido y del hijo que le ha dado sin querer dárselo, entrará en una especie de laberinto mental de desasosiego y extrañeza cuando esa joven también huya de ella. No resulta complicado reconocer en la protagonista a la propia Barnes, enamorada hasta la insensatez de la escultora Telma Word. Tras esa relación Barnes eligió un método bastante sabio de destruirse: se encerró en un apartamento en el Village de Manhattan y se dedicó a mirar por la ventana, a hablar por teléfono y a beber.
Con la compra de un libro tienes derecho, en Ulysses, al catálogo número 100, así que he aquí uno de los placeres impagables del buscador de primeras ediciones: ojear el catálogo de uno de los grandes y colocar un asterisco en el margen de los libros que le gustaría conseguir algún día sin tener que pagar la desorbitada cifra de 1000 libras -no hay un sólo volumen en este catálogo que valga menos- y dibujar un circulito sobre los títulos que ya tiene y que consiguió sin tener que pagar los precios imposibles con que Ulysses escuda sus tesoros. 'The Return of the King', volumen de 'El Señor de los anillos' de Tolkien vale 1.800 libras; 'A Book', el segundo libro de poemas de la mentada Djuna Barnes, se queda en las 1.000 libras; 'High Windows' de Philip Larkin, está en 1.700 libras: doy estos ejemplos para que se hagan una idea.
Pero qué bien le sientan a uno los cinco circulitos con que ha sido capaz de ensuciar el catálogo número 100 de la librería Ulysses. La memoria se pone a trabajar de inmediato, y recuerda que un ejemplar como el que custodia la librera orgullosa de sus tesoros y sus vitrinas de 'Dessins' de Jean Cocteau (Stock, 1924), nos saltó a las manos hace unos meses en una librería de Hamburgo sin que tuviéramos que desembolsar las 1.250 libras que aquí piden por él. Los 'Last Poems' de A.E. Housman (Grant Richards, 1922), que en el catálogo de Ulysses se valoran en 1.250 libras, nos encontraron en una pequeña librería del Trastevere romano regentada por una apacible viejecita y por un gato negro que parecía drogado. Y la primera edición de 'Poems' de Marianne Moore (The Egoist Press, 1921) que Ulysses tasa en 1.000 libras, la ganamos una madrugada cualquiera en una subasta de Internet en la que no participó nadie más. Dejo para el final un libro fundamental que señala el arranque de la poesía moderna: 'Catholic Anthology', un raro libro con portada cubista realizada por Dorothy Sakespeare, en el que Ezra Pound hacía una antología muy personal de poetas poco conocidos. Era el año 14, y se publicaba por primera vez esa cumbre de la poesía que es la 'Canción de Amor de Prufrock', firmada por Thomas Stearn Eliot. El ejemplar de Ulysses, al que le falta el lomo, cuesta 2.750 libras. Me parece justo. Sobre todo porque el ejemplar que yo tengo lo conseguí por quinientas veces menos en la ciudad de Miami, donde viví unos meses jugando al ping pong, simulando que montaba una radio en castellano para la agencia EFE, montando en moto acuática, y tostándome imprudentemente en las playas inacabables.
Los que padecemos la fiebre de las primeras ediciones somos muy dados a balancearnos en las ramas de la memoria. Nos hace falta poco para que se nos disparen los recuerdos: basta un listado de libros, y haber pasado media vida buscándose a uno mismo en almacenes de polvo, en pequeñas tiendas donde siempre había algo que llevarse: a veces era una primera edición, otras la sensación de estar perdiendo el tiempo, y otras, una historia contada por una librera exiliada en Roma que acariciaba a un gato drogado.