QUIEN esto escribe no es nacionalista. Y por razones afectivas habla (mal) en catalán en la intimidad. Por lo tanto, algo de amor a Cataluña tiene, y muy frito está con el vocinglerío armado alrededor del nuevo proyecto de Estatut. Es curioso, pero los mismos que le discuten esta cuestión son los mismos que desde similares premisas (la poca información, la desinformación o la propia ignorancia) le discuten, casi con una piedra en la mano, el conflicto árabe-israelí. Sin ir más lejos, estas personas (pese a todo, amigos) encuentran ridículo, y se indignan por ende, cuando al telefonear a Cataluña les saludan con un «bon día, digui». Disputas sobre el idioma aparte (que yo no he padecido en esa región pese a ser castellanohablante), Cataluña tiene una Cultura. «Toma, y Gabón también», dirá alguno de los díscolos.