EL déficit forestal en España es una de las ideas más arraigada que tenemos en la mente desde que al geógrafo griego Estrabón se le atribuyó la conocida frase «una ardilla podría cruzar la península, desde los montes Pyreneum montem ab Herculis columnis, saltando de árbol en árbol sin tocar el suelo», no existiendo constancia alguna de tal contenido en su citado 'Liber tertius' dedicado a Iberia. De esto, lo que se deduce, es que una falsedad contada numerosas veces, acaba volviéndose una certeza que, indebidamente hoy, todo el mundo asume.
De igual forma aparece la desertización creciente de la provincia de Málaga, iniciada, sobre una situación cierta, en la época de la Reconquista y que se agudiza por ulteriores intervenciones humanas. Sobre todo en las acciones acometidas a lo largo del siglo XIX y que posteriormente remiten a través de la compra de tierras y las repoblaciones que emprende la administración pública, en una situación caracterizada por una baja renta de la población rural que provocaba una sobreexplotación de los recursos naturales.
En lo que a la provincia de Málaga se refiere, esta situación ha cambiado, sobre todo de una forma acelerada en la última década. El gran auge de su desarrollo económico, basado en el turismo y la construcción, junto con el encarecimiento del precio del suelo ha dado lugar a otras opciones de negocio que han provocado un masivo abandono de la agricultura y de la ganadería, pasando numerosas tierras agrícolas abandonadas a convertirse en forestales. Esta situación es análoga, aunque más creciente, a lo ocurrido en el resto España, segundo país donde más han crecido los bosques, desde el 2000, superado únicamente por China. España ha llegando a ser el cuarto país en Europa en superficie boscosa con 14,4 millones de hectáreas.
En este contexto hay que enmarcar el cumplimiento del Plan Forestal Andaluz en Málaga como instrumento para la Ordenación de los recursos naturales de Andalucía en aras a conseguir, de forma sostenible, una óptima utilización de los mismos. Un Plan integral que se lleva a cabo teniendo en cuenta la acción de todas las administraciones y la iniciativa privada.
Así, el Plan Forestal Andaluz contempla, en el horizonte final de sus 60 años de vigencia a partir de 1989, el manejo en Málaga de 435.887 hectáreas de vegetación forestal, un 59 por ciento de las 730.600 hectáreas provinciales, sin que dicho Plan nunca pensaran que tal superficie tuviera que pasar a manos públicas.
Hasta la fecha se han repoblado, desde finales de los años 80, por las administraciones públicas 29.000 hectáreas, incluyendo la superficie de reforestación llevada a cabo por la Consejería de Agricultura dentro del programa de ayudas a particulares para la retirada de tierras agrícolas, y por la Cuenca Mediterránea en sus montes y en las riberas, además de la subvencionada directamente a privados por la Consejería de Medio Ambiente. Además de estas actuaciones, hay que indicar que la comarca de la Axarquía, donde hasta hace unos pocos años era terreno agrícola con muy alto nivel de erosión por las practicas de cultivo a que estaba sometida, ha pasado en gran parte a ser terreno forestal con arbolado incipiente en el que se está trabajando para su consolidación, fenómeno similar al que se produce en las cuencas del Guadalhorce y Guadalmedina.
La protección del suelo, gracias a la vegetación, en la provincia de Málaga, es muy alto con una media del 40 por ciento de la superficie, únicamente superada por Huelva en Andalucía y al mismo nivel de Jaén y Cádiz, por encima se sitúa Córdoba, Sevilla, Granada y Almería. Debido al abandono acelerado de tierras agrícolas, por su baja rentabilidad, estos terrenos aparecen cada vez más colonizados por especies de matorral y arbóreos. Esta situación provoca que el crecimiento de la superficie forestal en nuestra provincia sea notable. Tal aumento en la cubierta vegetal experimenta además un crecimiento acelerado en lo urbano, consecuencia de los nuevos modelos de ciudad dispersa, basada en construcciones aisladas y urbanizaciones nuevas con abundante vegetación no ornamental, sin parangón en ningún país europeo, aunque sí en asiáticos.
La situación descrita se complementa con lo ejecutado por los particulares que han constituidos ocho Asociaciones de Defensa Forestal, con dos más, próximas a aprobarse (Faraján y Yunquera), que afectan a 40 municipios en una superficie de 50.000 hectáreas. En esta línea asimismo destaca también, las actuaciones que se derivan de los 2.849 Planes de Prevención de Incendios en Fincas Particulares con una superficie defendida de 76.944,94 hectáreas.
Todos estos hechos se complementan con la actividad beligerante de la Delegación Provincial de la Consejería de Medio Ambiente en defensa de los montes públicos malagueños y en el desarrollo de planes de actuación plurianuales que atienden a su alto valor económico así como a su ordenación (gestión sostenible). Por ello, para la defensa de este rico patrimonio, en los últimos 6 años se han deslindados y amojonados 36 montes con una superficie que totaliza 38.750 hectáreas blindando a esta titularidad pública y dándole una seguridad jurídica de la que carecían hasta la fecha.
Para el año que entra, 2006, contamos con un presupuesto récord histórico -por encima de los 30 millones de euros- para proseguir con tareas selvícolas y de repoblación que ennoblezcan nuestros terrenos forestales.
Hechos son amores y no buenas razones, aunque haya quienes no creyendo en esta materia, sobradamente demostrado cuando han tenido el Gobierno de la nación en su poder, se afanen en retratarse ante la levedad de una ardilla que le impide ver ese bosque que también pretenden politizar.