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Miércoles, 4 de enero de 2006
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MÁLAGA
LEY ANTITABACO. PRIMER DÍA EN LA OFICINA
A fumar, a la calle
3 de enero. Vuelta al trabajo en la provincia. Las puertas de empresas y centros oficiales se convirtieron ayer en refugio de los empleados adictos a la nicotina
PTA. Trabajadores del edificio Premier salieron ayer tarde a la puerta a fumar.
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LAS colillas esparcidas por las escaleras de acceso al edificio de Hacienda evidencian que allí se ha fumado. Como dentro está prohibido encender un cigarrillo, las puertas de centros oficiales y empresas se han convertido en el refugio al que acuden funcionarios y empleados cuando ya no soportan por más tiempo permanecer alejados del tabaco. «Me parece bien que nadie tenga que tragarse mi humo, pero creo que la ley es demasiado radical, porque deberían haberse habilitado unos pequeños espacios para los fumadores en nuestros puestos de trabajo», afirma un funcionario que trabaja en el Edificio de Usos Múltiples.

A su lado, dos compañeras han bajado a echar un cigarrillo de media mañana. Una de ellas tira el pitillo al observar la presencia del periodista. «Tranquila, mujer, si no está haciendo nada malo. Aquí se puede fumar». «Ya, pero es que no quiero que me llamen la atención». «Nadie puede decirte nada porque estás al aire libre», precisa su compañero. «La verdad es que la prohibición hace que fumemos mucho menos. Yo, a esta altura de la jornada, ya llevaría cinco cigarros y hoy sólo me he fumado dos. Uno aquí, en la puerta, y el otro en el bar cuando he ido a tomar café», añade.

Gente con días libres

Ayer, aunque era día laborable, aún había bastantes trabajadores con días libres por las fiestas navideñas. «Hoy no ha bajado mucha gente a fumar a la puerta. Supongo que el próximo lunes, cuando todo el personal esté ya incorporado, habrá más fumadores que aprovechen para encender un cigarrillo en la puerta», explica un vigilante de seguridad del citado edificio.

«En su momento planteamos que nos dejasen fumar en la escalera de incendios, que está al aire libre, pero no nos lo han autorizado», se queja otro trabajador de ese centro público.

La puerta de Hacienda es otro lugar en el que los habituados al tabaco aprovechan para dar unas caladas a un pitillo. Los funcionarios de este organismo que fuman soportan con resignación la nueva ley. «Qué vamos a hacer. Si no se puede fumar en ninguna parte del edificio, pues no se puede, y ya está», señala un trabajador que prefiere guardar su anonimato. «A veces me siento como un perseguido. Es como si me tuviese que estar justificando continuamente por tener este hábito. El tabaco es malo para la salud, no lo dudo, pero los fumadores nos sentimos cada vez más marginados», añade.

La mañana discurre con normalidad en Hacienda. Tanto empleados como personas que entran a hacer una gestión cumplen a rajatabla la prohibición. No obstante, hay un par de excepciones. Dos jóvenes entran con un cigarrillo en la mano. Uno de ellos pone una cierta resistencia, pero al final apaga el pitillo.

Muchos trabajadores aprovechan el tiempo del desayuno para encender uno o dos cigarros en el bar al que acuden a tomar café. «En los bares no hay problemas. Y podemos fumar tranquilamente, como antes de la entrada en vigor de la ley», señala un empleado de Correos. «Yo lo tengo muy claro: sólo pienso acudir a cafeterías que permitan fumar», comenta un cartero.

El Parque Tecnológico de Andalucía (PTA) es un recinto lleno de empresas. Los trabajadores que fuman también lo tienen más complicado para seguir con su adicción a la nicotina. Con buen humor se lo toman un grupo de empleados del edificio Premier. El sol vespertino hace que apetezca encender un cigarrillo. «Es la hora del café, y notamos más las ganas de fumar», dice un joven que apura con un par de caladas su cigarrillo rubio. Junto a él, dos compañeros conversan animadamente. «La verdad es que ahora se está aquí muy bien, lo malo será en las tardes de frío y viento», afirma uno de ellos. El otro apostilla: «Hay que acostumbrarse a que no se podrá fumar más en la oficina. Todo es cuestión de hábito. Me parece bien que se vele por la salud de los no fumadores, aunque pienso que se persigue un poco a los que sí fumamos.



Vocento