COMO el que no quiere la cosa, ya estamos en pleno año 2006. No han llegado los Reyes, pero más uno ya intuye que le van a traer toneladas de carbón, pero incluso a eso hay quien está más que acostumbrado. Mientras, hasta que se acostumbren, los nuevos perseguidos en este nuevo año son los fumadores, cosa que como todo aquello que se lleva a los extremos me parece fatal. Dios nos libre de los conversos, pero yo que fuí fumador empedernido (lo dejé de la noche a la mañana hace ya 18 años y nunca más volví a tener un cigarrillo entre los labios), aparte de decirle a todo el mundo que se puede dejar, que sólo es cuestión de voluntades y de concienciación, también digo que considero del todo absurdas muchas de las normas que contempla la nueva ley, entre ellas esa que impide que se venda tabaco en otros establecimientos que no sean los estancos. ¿Y si es tan malo por qué no se prohíbe de forma fulminante? Esa es la pregunta del millón, pero es el fariseísmo de quien quiere mantener el dinero que llega a las arcas a través de los impuestos indirectos del tabaco y quien dice que eso es tan malo que te puede matar. Matará, sin duda, pero se sigue vendiendo, y eso es lo que más me extraña, aunque sea en sitios más o menos determinados. Es lo que habitualmente nos pasa en este país, que pasamos del blanco al negro sin darnos una vuelta por los tonos grises, que les juro por lo más sagrado que también existen, y además con grados distintos. Por cierto, ¿y el alcohol? ¿No es malo también? En fin, que cada uno aguante su palo y los Reyes les traigan regalos.