El escritor Francisco Ayala se enfrenta al año de su centenario (16 de marzo) con sentido del humor, con «agradecimiento» y convencido de que si ha vivido tanto tiempo, se lo debe en parte a los genes pero también a la inagotable curiosidad intelectual que ha tenido siempre: «No cerrar los ojos al mundo es esencial para vivir mucho. Veo que hay gente que, muy pronto, en el curso de su vida, ya no está interesada por lo que pasa alrededor, pero si uno consigue no ser un testigo del pasado, sino estar viviendo en un presente continuamente actualizado, entonces puede vivir más», afirma.
En su casa de Madrid, y seguido con atención por su mujer, la hispanista Carolyn Richmond, Ayala asegura que asiste a la preparación de las múltiples actividades que recordarán su trayectoria con mentalidad de «espectador», «como si fuera un espectáculo ajeno».
«Yo veo mi vida como el que no tiene un porvenir e ignora lo que va a pasar mañana», señala el escritor, que reconoce que teme «inclusive no alcanzar el centenario, porque nunca se sabe, no sólo a mi edad sino a cualquiera, en qué momento termina la vida».
Fuerzas de sobra
Pero su lucidez mental, la energía que muestra al hablar y el brillo de su mirada hacen suponer que le van a sobrar fuerzas para asistir a algunas de las actividades programadas, como un congreso en Granada sobre 'Las ciudades de Ayala', un concierto en el que se hará un recorrido por las canciones que caracterizaron su vida, un documental y una gran exposición.
Pretender que este narrador, crítico, ensayista, profesor y traductor, rememore las etapas de su vida sería, como él mismo dice, «infinito, sería la conversación interminable», pero sí se presta a mirar al pasado y a afirmar que ve su vida «azarosamente, porque ha sido todo puro azar».
«Comparada con la de otros países europeos, la historia de España ha sido tremenda, porque lo que pasó con la guerra civil y, sobre todo, con la dictadura que hubo después durante más de 30 años, eso no ha pasado en ningún país análogo a España», añade Ayala, autor de más de 50 libros.
El estallido de la guerra le sorprendió de viaje por Latinoamérica, pero decidió «volver a España por un sentimiento de deber. Yo siempre en mi vida he procedido a base de pensar qué es lo que debo hacer; es un sentido ético innato, no meditado», asegura el escritor, quien durante el conflicto fue nombrado secretario-consejero de la Embajada española en Praga. Y tras la guerra, en la que mataron a su padre y a su hermano Rafael, vino el largo exilio y sus años en Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos. Una época de la que guarda buen sabor porque, en cierto modo, «fue un privilegio» para los intelectuales españoles.
Ayala no elude hablar de la actualidad y critica a los políticos españoles porque «están tomando iniciativas que a lo mejor no son las que le convienen al país» y porque defienden «posiciones extremas que no corresponden a la realidad profunda» y adoptan «decisiones absurdas, destructivas, por el gusto de pelear, de insultarse y descalificar a los otros».