Los niños también se deprimen

Una niña llorando./Reuters
Una niña llorando. / Reuters

No querer jugar o quedar con sus amigos, tener malas notas de repente o ideas de muerte son síntomas del trastorno

AMPARO ESTRADA Y RAQUEL BENDALA (PSICÓLOGA)

La depresión no es una enfermedad exclusiva de los adultos, los niños también pueden padecerla, aunque en su caso se manifiesta con unas características que pueden dificultar su detección. Aproximadamente un 2% de la población infantil sufre un trastorno depresivo; porcentaje que se incrementa entre los adolescentes.

Si observas algunos de estos síntomas o comportamientos, tal vez se trate de una depresión infantil.

-Síntomas afectivos: lo más normal es que una persona deprimida tenga un estado de ánimo triste y lo que se denomina anhedonia (pérdida del placer para actividades que antes sí eran placenteras, por ejemplo, un niño al que ya no le apetece jugar o no disfruta con sus actividades favoritas). Pueden manifestar aburrimiento o enfado y aparecer rabietas, irritabilidad y problemas de conducta (se muestran desafiantes, retadores, desobedientes…). Evidentemente, no todas las rabietas o desobediencia son manifestaciones de depresión. Los pequeños manifiestan con estas conductas su malestar emocional porque todavía no son capaces de comprender ni verbalizar sus verdaderos sentimientos. En los adolescentes pueden aparecer consumo de sustancias y conductas sexuales de riesgo.

-Síntomas físicos: Pueden mostrar fatiga o quejas somáticas como dolor de tripa, dolor de cabeza o náuseas. También se puede alterar el apetito y ganan o pierden peso, o tener problemas para dormir o no lograr un sueño reparador. Asimismo, uno de los síntomas posibles es que vuelva a mojar la cama.

-Síntomas cognitivos: La depresión disminuye la capacidad de atención y de concentración del menor. A ello se suman una baja autoestima y distorsiones de la percepción de sí mismos y de los demás. Es cuando piensa, por ejemplo, que es “un fracaso total”. O pensamientos de este tipo: “No me ha invitado, estoy solo, no tengo amigos”; “Debería sacar siempre sobresaliente”; “Seguro que se están riendo de mí, no tenía que haber venido”. En los adolescentes puede aparecer también deseos de “fugarse de casa” e ideas de muerte o de suicidio.

Indudablemente, la depresión tiene graves repercusiones en el desarrollo y el funcionamiento de la vida de un niño. Por ejemplo: los problemas de concentración, atención y memoria producen un descenso acusado en su rendimiento académico (bajan las notas, suspende...); se aísla de sus amigos y ya no disfruta relacionándose con ellos, produciéndose un deterioro en su desarrollo social; sus rabietas, enfados, discusiones constantes generan conflictos en familiares… Todo esto va, poco a poco, acrecentando su malestar emocional y el resto de síntomas, conformándose un círculo vicioso del que es difícil salir sin ayuda.

Además, la depresión es un trastorno con una gran recurrencia, por lo que es imprescindible estar atento a los signos y buscar ayuda profesional.

¿Qué podemos hacer en casa?

-Detectar sus manifestaciones, principalmente cuando la depresión queda enmascarada con problemas de conducta. Es necesario abstraerse de este comportamiento y mirar más allá: tras un comportamiento negativo suele haber un sentimiento negativo.

Por ello, si ves que su conducta ha cambiado en este sentido (está enfadado e irritable de manera continua, se muestra desafiante, etc), ha disminuido su rendimiento escolar o se ha empezado a aislar socialmente (ya no queda con sus amigos, no quiere ir al colegio..) es importante que averigües qué hay detrás de todo ello. Niños y adolescentes tienen, por regla general, dificultades para reconocer, identificar, expresar y regular sus propias emociones. Es fundamental que describan cómo se sienten para que les ayudemos a reconocer dicha emoción y a ponerle un “nombre” (“parece que estás triste porque…”). Cuando los propios sentimientos se comprenden, se aligeran y se alivia parte del malestar.

-Buscar ayuda profesional. La depresión es un trastorno mental con graves repercusiones en la vida del niño y una gran probabilidad de recurrencia. Existen tratamientos empíricamente validados, por lo que debemos acudir a los profesionales sanitarios cuando detectemos los síntomas en el niño.

-Ofrecerle un gran apoyo familiar. Es importante que pueda apoyarse en su familia. El cariño y el afecto deben ser incondicionales. En muchas ocasiones no comprendemos por qué se comporta de esa forma, repercute en el ánimo de todos y se genera una situación conflictiva en casa. Sin embargo, es necesario sobreponerse a ello para poder ofrecer nuestra ayuda, ya que las muestras de afecto incondicional les aportará una seguridad emocional esencial en estos momentos. Apoyarles no significa aceptar todo lo que hagan, sino demostrarles que pueden contar con nosotros al margen de todo lo que hagan.

-Fomentar actividades de ocio, tanto en familia como con amigos. Incentivarle a que practique una actividad física que le motive, ya que numerosos estudios han revelado una correlación entre el ejercicio físico y la disminución del riesgo de sufrir depresión.

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