Cómo educar para prevenir los abusos sexuales

Cómo educar para prevenir los abusos sexuales

CARLOS PAJUELO

Enseñamos a nuestras hijas desde que son pequeñas a que aprendan a protegerse de los comportamientos de abuso. Pero, ¿educamos a nuestros hijos varones para que no sean abusadores, cómplices de los abusos, espectadores pasivos?

Educa a tu hijo en algo tan sencillo como es que la especie humana está dividida en hombres y mujeres. Sólo hay hombres y mujeres. No hay maricones, ni putas, ni engendros; solo hay hombres y mujeres.

Enseña a tu hijo que las compañeras de su clase son mujeres. No se les dice ni guarras, ni calentonas, ni facilonas, tienen nombre, son iguales que tú. No permitas que las traten como si fueran “cosas”, “objetos de consumo”. Trabaja con ellos la empatía, tienes que hacerles ver que cuando denigra a una compañera o permite que otros lo hagan está haciéndoselo a todas las mujeres, así que dile cosas como: “¿te gustaría, hijo, que los que te rodean me insultaran, a mí, a tu madre, a tu hermana, a tu mejor amiga?, ¿cómo crees que se puede sentir una persona a la que llamas puta?, ¿cómo se sentirían sus padres si te escucharán?, ¿y sus amigos? ”.

Educa a tu hija a que se sienta fuerte, a que haga frente al abuso, a que lo denuncie. Haz que se sienta orgullosa de sí misma, de sus decisiones. Empodera a tu hija.

Enseña a tu hijo que a las mujeres se les respeta porque es la única manera de relacionarse entre seres humanos, respetándonos. Que la palabra NO significa que no. Y que cuando una persona no está en condiciones de manifestar su voluntad (porque haya bebido, por ejemplo) estás abusando de esa persona aunque no diga no.

Educa en la sexualidad afectiva, consentida y con sentido, equilibrada. Si no hay equilibrio en la relación entonces hay abuso. Y si abusas no eres un enfermo, eres un abusador, un desgraciado que destroza vidas de personas que, a pesar de el daño que les has hecho, pueden seguir intentado hacer su vida normal, aunque nadie más que ellas saben el daño con el que tienen que vivir.

No, yo nunca veo putas. Veo niñas, veo mujeres. Como mi madre y como la tuya, como mis hermanas y como las tuyas, como mis sobrinas y como las tuyas. Por eso me ofenden quienes llaman putas a las mujeres, quienes abusan de las mujeres, quienes las tratan como si no fueran seres humanos.

Madres y Padres, nuestra responsabilidad es trasmitir este mensaje a nuestros hijos e hijas con nuestro ejemplo cotidiano, como hombres y como mujeres, como padres y madres, como pareja. Pero también necesitamos que desde la escuela, desde los medios de comunicación, desde la política, desde la justicia, etc., todos pongamos nuestro granito de arena para dar un paso hacia adelante y así evitar la aparición de más “manadas”. (Más información en Escuela de Padres).

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