A cada uno lo suyo

El 'watergate' de Trump

Con la 'trama rusa' podríamos ver a Trump saliendo de la Casa Blanca en helicóptero

PEDRO MORENO BRENES

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido hace unos días a Jerusalén como capital de Israel y ha ordenado el traslado de su Embajada; no le tiembla el pulso para incendiar una zona achicharrada de violencia y sangre. La Ley Básica israelí de 30 de julio de 1980 proclamó a Jerusalén, completa y unida, como la capital del Estado de Israel y la sede de la Presidencia del Estado, del Parlamento, del Gobierno y del Tribunal Supremo. Esta norma culminaba un proceso unilateral que arranca con el establecimiento en 1948 del Estado de Israel y una guerra que cuando termina deja a Jerusalén dividida: el sector occidental para el nuevo estado y el oriental tomado por el ejército jordano. En la Guerra de los Seis Días, en 1967, Israel ocupa el este de Jerusalén y aprueba la Ley de Orden de las Municipalidades autorizando al Gobierno a extender la aplicación de la legislación, jurisdicción y administración israelí a cualquier zona que hubiera formado parte de la Palestina histórica bajo mandato (Jerusalén incluida), lo que implica una anexión efectiva de este territorio a Israel. La ley de 1980 fue rechazada por la comunidad internacional y la resolución 478 (1980) del Consejo de Seguridad de la ONU, la considera contraria al Derecho internacional, instando a los estados miembros de la ONU con misiones diplomáticas en Jerusalén a que las retirasen (punto 5.b). Con su reciente decisión sobre Jerusalén, Trump ha logrado 'el no va más': EE UU se ha quedado solito en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ni sus más fieles pelotas han salido en su defensa.

Sin embargo, no creo que el declive le llegue a Trump por sus tropelías internacionales. En política interna el hombre tiene ya méritos acreditados: lo mismo se mofa de forma indecente de un periodista con discapacidad, pone al mismo nivel a los asesinos supremacistas blancos y a sus víctimas o le rebaja los impuestos a los más ricos, pasando por sus cruzadas contra los inmigrantes, el medio ambiente o los medios de comunicación que no le ríen las gracias.

Hubo un presidente al que unos 'asuntillos' de espionaje electoral en el complejo de oficinas Watergate de Washington, le costó la presidencia. El culebrón de la 'trama rusa', con todo un exconsejero de Seguridad Nacional en la picota y dispuesto a cantar hasta 'La traviata' ante el fiscal del caso, puede hacernos soñar con aquella foto de Nixon huyendo del 'impeachment' y saliendo de la Casa Blanca en helicóptero, eso sí, teñida de rubio platino.

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