Vuelva usted en una semana

La Tribuna

Si nos hacemos la pregunta de si nuestras Administraciones Públicas tienen conciencia hoy de lo que significa el tiempo, la respuesta es un no rotundo

JOSÉ CARLOS AGUILERA ESCOBAR / ABOGADO

En 1833, Mariano José de Larra, en su artículo 'Vuelva usted mañana', en el que relataba las peripecias de un ciudadano francés que habría llegado a Madrid para invertir sus cuantiosos caudales, hacia una crítica a la administración pública de su tiempo, cuyo mayor vicio decía, era la pereza. Monsieur Sans-délai, así se llamaba, venía decidido a pasar quince días en Madrid y a poner en marcha en ese tiempo sus proyectos, a lo que el escritor le respondió: «permitidme, Monsieur, que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid... Os aseguro que en los quince días con que contáis, no habréis podido hablar siquiera a una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.»

El artículo, con plena vigencia casi dos siglos más tarde, debería ser de obligada lectura para políticos y funcionarios públicos y conduce a la inexorable conclusión de que hay situaciones que no han cambiado y que alguno de los males de nuestra administración perduran, sino agravados, con el tiempo. Cuando nos relacionamos con ella presentando una solicitud, una reclamación,... etc. y, pasado un tiempo, nos interesamos por nuestro escrito o expediente, recibimos las mismas respuestas que le daban a Monsieur Sans-délai : «vuelva usted mañana», el oficial de la mesa no ha venido hoy; «vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy porque está ocupadísimo»; «vuelva usted mañana», porque su expediente ha pasado a informe o, aun no nos han devuelto el informe, o su expediente se ha extraviado, o le falta algún papel. «Y después de cerca de medio año de subir y bajar, y estar a la firma o al informe, o a la aprobación o al despacho, o debajo de la mesa, y de volver siempre mañana, a pesar de la justicia y utilidad del plan del exponente, ha sido negado.»

Si nos hacemos la pregunta de si nuestras Administraciones Públicas (Estado, Junta de Andalucía, ayuntamientos..) tienen conciencia hoy de lo que significa el tiempo, la respuesta es un no rotundo. El tiempo en responder, si lo hacen, a nuestras solicitudes, en la resolución de nuestras reclamaciones, en la adopción de medidas que permitan resolver los concretos problemas de los ciudadanos, en definitiva, el tiempo en la gestión de los asuntos públicos, es desproporcionadamente largo, injustificadamente dilatado. Y la causa no es la falta de recursos o de medios, sino esa falta de conciencia de lo que representa el factor tiempo para los ciudadanos. Tenemos una administración ineficaz, al borde de la insolvencia, acomodada, que funciona casi por inercia, porque una minoría significativa de servidores públicos, sean políticos o funcionarios, muestran más indolencia que diligencia y más desinterés que responsabilidad en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones, y porque el tiempo les resulta indiferente o, lo que es lo mismo, les trae sin cuidado.

Mi experiencia personal avala estas afirmaciones, y me remito a un solo ejemplo. A primeros de noviembre pasado solicité una información urbanística a la Gerencia Municipal de Urbanismo. El PGOU de Málaga establece que la emisión de informes sobre consultas urbanísticas deberá realizarse en el plazo de un mes; han pasado ya tres meses y aun no he recibido el informe. Al cabo de los dos meses acudí a la GMU interesándome por mi expediente, y en esta visitas, siete hasta hora, la respuesta no ha sido 'vuelva usted mañana', sino 'vuelva usted dentro de una semana'.

No tiene justificación que una simple consulta sobre el régimen urbanístico aplicable a una parcela no se atienda en el plazo legalmente previsto por el propio Ayuntamiento de Málaga (un mes); si esto ocurre de ordinario o con frecuencia es porque la GMU funciona mal, que se encuentra en las antípodas de los principios que proclama la 'Carta de Compromisos con la Calidad de las Administración Públicas' suscrita por nuestro Ayuntamiento, entre los que se encuentra el compromiso de la excelencia (¡qué ironía!) en la prestación de servicios públicos.

Después de haber formulado la correspondiente queja, cuyo fin último es contribuir a la mejora del funcionamiento de nuestra administración municipal, me he dirigido al concejal responsable de la GMU, Sr. Pomares, instándole a que siga las recomendaciones de la citada Carta y a que haga una revisión crítica del funcionamiento de la GMU analizando y evaluando la organización y funcionamiento del servicio responsable de la emisión de los informes sobre consulta urbanísticas, de la carga de trabajo que soporta, verifique el desarrollo y los tiempos de los procesos, el trabajo de los funcionarios que intervienen y su diligencia en la cumplimentación de los distintos trámites del expediente. Y como quiera que la carta insta a las Administraciones Publicas a rendir cuentas a la sociedad, le he pido que haga público un informe comprensivo del número de expedientes sobre información urbanística incoados en los dos últimos años y el tiempo medio que transcurre entre las fechas de solicitud y las de notificación a los interesados de los informes emitidos. Así sabremos cómo funciona nuestra administración.

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