La vuelta al cole, un halo de esperanza

ACCIÓN SOLIDARIA

En Altamar trabajamos con niños de familias de la Trinidad y El Perchel con durísimas circunstancias que saben que la educación va a ser el camino para cambiar el rumbo de sus vidas

Comienza la vuelta al cole, para muchos niños, nervios por saber quién será el profesor, alegría por reencontrarse con los compañeros, ilusión por estrenar material y sentimientos encontrados al pensar en el tiempo de estudio pero con ganas de rendir al máximo para aprender y sacar los mejores resultados al finalizar el curso. Para otros niños, además, la vuelta al cole se convierte en un halo de esperanza.

En Málaga, hay centenares de niños que viven en situación de pobreza, en un entorno social desfavorecido que les lleva a una situación de vulnerabilidad. El niño en riesgo de exclusión social, en muchos casos, está abocado al fracaso y absentismo escolar. Para prevenir esta situación, la ciudad cuenta con diferentes asociaciones que trabajan con estos menores ofreciendo refuerzo escolar y otras actividades y talleres que favorecen su inserción.

Este es el caso de la Asociación Altamar. Educación y familia, una entidad pequeña y familiar, que trabaja desde hace 11 años con más de 40 niños, niñas y sus familias en la Trinidad y El Perchel con durísimas circunstancias en su día a día y que saben que la educación va a ser el camino para cambiar el rumbo de sus vidas.

Altamar cuenta con un equipo de cuatro profesionales y una treintena de voluntarios que, con mucho esfuerzo, cariño y grandes dosis de paciencia ofrece diferentes programas educativos de lunes a jueves en pleno corazón de la Trinidad. Las tardes comienzan con una fila de niños de 6 a 15 años que esperan a que abramos la puerta de la guardería de la Fundación Santa M.ª de la Victoria donde tenemos cedido el local. A las 17.30, los niños suben corriendo las escaleras, saludan a los monitores y se sientan en su sitio donde tras colocar la mochila y una vez se toman la merienda que les damos, niños y voluntarios se ponen a trabajar.

En el programa de apoyo escolar personalizado cada voluntario tiene asignado un menor para ayudarle a hacer la tarea escolar y reforzar aquello que le cueste más. Un programa donde se crean vínculos, donde el niño encuentra seguridad y se llena de valores y virtudes. Un programa donde se crean alianzas con los padres que por sus circunstancias personales tuvieron que abandonar los estudios en la infancia y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas escolares ni ponerles un profesor particular por carecer de recursos económicos, un programa que también hace de cobijo de niños que si no estarían callejeando por las calles de la ciudad.

Muchos no traen material o libros para estudiar, otros traen demasiada tarea, la mayoría muchas dificultades, falta de hábito de trabajo y problemas conductuales, pero todos una sonrisa y ganas de aprender. Conociéndoles, dedicándoles el tiempo que necesita cada uno, empatizas y llegas a entender el origen de su conducta, el por qué de su desorden o su falta de trabajo y es ahí cuando empieza el trabajo de normalización, un trabajo amoldado a su situación personal donde les enseñamos a creer en ellos mismos, a valorarse, a soñar y a cumplir sus sueños. Es en este punto cuando el niño comienza a estudiar, a mejorar su conducta, sus notas, a querer ir al colegio y los padres también comienzan a sentir esta transformación y la necesidad de ser ayudados.

La mayoría de las familias son padres que tuvieron a sus hijos muy jóvenes y necesitan ayuda con la educación de sus hijos en casa dándoles charlas de orientación familiar para establecer límites, pautas de hábitos saludables, higiene, adolescencia, etc. También tienen la inquietud de volver a estudiar, de aprender, y por ello les ofrecemos clases de alfabetización, imagen y crecimiento, personal que no sólo les ayuda a mejorar la relación con sus hijos sino también a fortalecer su autoestima y tener nuevas aspiraciones en sus vidas. Proyectos que les motivan y les acercan a otra realidad ya que muchas veces se quedan anclados en su entorno y no ven más vida allá de donde están.

En todo este tiempo hemos vivido historias preciosas, hace años los niños del barrio estaban en la calle, ahora llenan las dos aulas y tenemos lista de espera de niños que quieren venir a estudiar: Anabel es maestra y se ha casado; Cheima está en la universidad; María ha hecho un grado medio; diez de ellos ya están en el instituto; Yoli y Ester, dos madres, se han sacado el graduado escolar y han montado una asociación gastronómica, ha disminuido el índice de absentismo escolar en la zona, tienen talleres de cocina, fútbol, visitas de personajes públicos. Los más pequeños ya saben leer y la mayoría tiene aspiraciones de futuro: Yamila quiere ser jueza; Yolandita y Naiara, matronas; David, cocinero; Luis, astronauta; María, policía; Hugo, futbolista...

El trabajo en Altamar, al igual que el de otras entidades, no es nada fácil, pero sí un trabajo que llena. Con lo que parece un sencillo programa de apoyo escolar ves la gran transformación del ser humano, «del no puedo al puedo», «del no soy capaz a lo conseguí», «de lo imposible a lo posible»; es un proyecto que se debe a la confianza de las familias, de los niños, a la generosidad del voluntariado y personas que colaboran con la entidad. Altamar es una pequeña gran familia de corazones solidarios y grandes luchadores que, con la vuelta al cole, llenan de esperanza el barrio de La Trinidad.

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