EL VUELO DEL ALMIRANTE

FRANCISCO MOYANO

HANpasado cuarenta y cuatro años desde que, el jueves veinte de diciembre de 1973, el Régimen franquista sufriera el mayor golpe experimentado desde la finalización de la Guerra Civil en 1939: un atentado terrorista planeado y ejecutado por la banda ETA bajo la denominación de 'Operación Ogro', explosionó una potente carga al paso del vehículo en el que viajaba el presidente del gobierno, almirante Luis Carrero Blanco. El automóvil 'voló' por los aires literalmente y, como consecuencia, el almirante y sus dos acompañantes fallecieron. Salían de haber asistido a misa, como hacía cada día. La conmoción fue generalizada en todo el país y la banda terrorista reivindicó la autoría mediante un comunicado difundido por Radio París aquella misma noche. En Marbella la noticia se recibió a través de la radio principalmente y la alarma cundió. Una anécdota significativa pudimos vivirla los alumnos de bachillerato del entonces único instituto que existía en la ciudad, en aquel momento denominado 'Instituto Nacional de Bachillerato' y que se encontraba ubicado en el edificio que actualmente ocupa el IES 'Río Verde': la bandera de España que ondeaba en el mástil instalado en la entrada del Centro se encontraba en un lamentable estado de conservación, extremadamente descolorida y casi hecha jirones; en cuestión de minutos fue arriada y retirada y comenzó la acelerada búsqueda de una enseña en las condiciones adecuadas. Se recomendó al alumnado que, a la salida, no se entretuviesen en las calles y se fueran a casa. En aquel momento del último franquismo el jefe del Estado ya se encontraba visiblemente deteriorado físicamente y se adivinaba cierta separación entre el sector duro, conocido como 'búnker', y el más aperturista. El atentado benefició en su postura a los primeros, que vieron como accedía a la presidencia Carlos Arias Navarro. Precisamente en aquel año de 1973, el general Franco visitó Marbella para asistir al acto que quizás supuso el más importante acontecimiento para la ciudad: la Inauguración del Instituto Médico Costa del Sol (INCOSOL), uno de cuyos impulsores había sido el yerno de Franco, marqués de Villaverde (Cristóbal Martínez Bordiu). La inauguración tuvo lugar en la tarde del miércoles dieciocho de abril. Franco zarpó en el Azor desde el puerto de Málaga, a donde había llegado el lunes anterior; fue escoltado hasta Puerto Banús por el buque la Armada 'Legazpi'. La bendición del nuevo complejo sanitario fue efectuada por Monseñor Ángel Suquía Gocicoechea, que había sido obispo de Málaga y que, en aquel momento, lo era de Santiago de Compostela. Fue auxiliado por el arcipreste de Marbella, Monseñor Bocanegra Pérez. Representó un acontecimiento extraordinario con afluencia de invitados en torno a los dos mil. En aquel momento, cuando se produce el atentado, con la ciudad preparándose para la inminente Navidad, la corporación estaba presidida por el alcalde Francisco Cantos Gallardo y los ediles eran Antonio Maíz Viñals, José Manuel Vallés Fernández, Joaquín Gómez Agüera, Antonio Lorenzo Cuevas, Enrique Nieto Cantos, Antonio Bermúdez García, José Medina Merchán, Antonio Gálvez Ruiz, Francisco Guerrero Rodríguez, Luis Fernández Martínez, Francisco Palma Sánchez y Manuel Macías Fernández; era secretario Javier García-Mamely Fernández e interventor Rafael Talavera Quirós. Ese jueves, veinte de diciembre, la corporación tenía fijada la última sesión plenaria del año, a las seis y media de la tarde, como era habitual en aquellos años, en los que los concejales compaginaban el cargo público con sus tareas laborales. Nada más abierta la sesión, leída y aprobada el acta de la anterior reunión, el alcalde propuso, ante los graves sucesos producidos aquella misma mañana, que se aplazase el orden del día al viernes veintiuno. El alcalde Cantos Gallardo glosó la figura de Carrero Blanco, se hizo constar en acta las condolencias de la corporación y se acordó enviar mensajes de pésame a la familia del almirante, al Jefe del Estado, al Príncipe Juan Carlos y a los altos cargos del Gobierno. De igual forma, se acordó hacer constar en acta las condolencias por el fallecimiento del policía de escolta, Juan Antonio Bueno Fernández y el conductor, José Luis Pérez Mogena, que acompañaban al presidente del Gobierno. Al dictador le quedaban menos de dos años de vida y el Régimen no era ni sombra de lo que fue, aunque aún faltaba un postrero coletazo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos