Violadores

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

La supuesta violación de un niño parte de cuatro compañeros de la ESO en un colegio de Cazorla, es un suceso estremecedor. Escabroso, cruel y violento. Los motivos que han conducido a tal aberración podrían ser varios. A poco que se escarbe podemos encontrar algunos comunes en este tipo de actos: la escasa educación afectivo-sexual, desestructuración familiar y el acceso a la barra libre del porno. Si a eso se le une una escasa o nula educación moral o ética en materia sexual juntamos hambre con ganas de comer. La persona no es objeto, conviene recordarlo. Y los niños tienen que ser educados de manera interdisciplinar. También en el ejercicio de la sexualidad que está íntimamente unido al amor y al placer otorgado mutuamente desde el respeto en edades adultas.

¿Qué está pasando para que en el recreo de un colegio español un niño de apenas nueve años sea presuntamente violado por chicos de 12 a 14 años? Vayamos a los datos. La memoria de la Fiscalía General del Estado alertaba que los casos de delitos contra la libertad sexual cometidos por menores pasaron de 1.081 registrados en el 2015 a 1.271 en 2016. Subieron especialmente los abusos sexuales que son los perpetrados sobre quienes no pueden prestar consentimiento: menores de 12 años o personas incapacitadas. Hemos alcanzado la cifra más alta de la década.

Estamos ante una realidad muy dura a la que debe hacer frente la sociedad. Sabemos que la hipersexualización que inunda la publicidad, la amplia accesibilidad al porno por parte de algunos niños y niñas o la escasa educación sexual amén de la deficiente atención que reciben en algunas familias, abre las puertas a toda una catarata de estímulos difíciles de encajar. Por no decir imposibles de asumir en edades tempranas. Urge una educación en valores que ilumine la vida de los más pequeños. Es necesario mecanismos de control para que los más pequeños sean acompañados desde el amor y la autoridad. Y, por supuesto, hay que frenar a la industria del sexo para que no siga hiriendo a niños y convirtiéndolos en violadores Para eso es necesario implementar medidas familiares y administrativas. La pornografía deforma el desarrollo sexual saludable de los niños y adolescentes. Porque no reconoce la ternura, ni la compasión, ni el afecto. Algo que unido a la escasa valoración de la responsabilidad conduce por una corriente muy peligrosa que aúna sexo y violencia.

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