Villar y el 'fúrgol'

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Otra vez la imagen de fornidos guardias civiles -boina paracaidista, mangas remangadas-, apostados a la entrada de casa privada o edificio oficial, nos anuncia que los picoletos han detenido a otros presuntos culpables de un delito de corrupción. Casi hemos perdido la cuenta del recuento de la UCO, la unidad de la Guardia Civil especializada en el parque temático de la corrupción.

La palabra banquillo se presta en este caso a todo tipo de metáforas con alguien que fue futbolista en su día y huyó a la ducha voluntariamente, sin esperar a que le echara el árbitro, después de propinarle un puñetazo a Cruyff en un partido en 1974, cuando el holandés inventaba el fútbol y desesperaba a los marcadores testiculares.

En el parte policial figuran presuntos delitos millonarios cometidos por Villar y su hijo, con cobro de comisiones por partidos de fútbol, 'bolos', de la selección española y que habrían dejado pingües beneficios a esa empresa, más que temporal eterna, de Villar y su hijo. No consta en la diligencia judicial ninguna acusación contra Villar por su delito reincidente de decir 'fúrgol', quizás en una suerte de complicidad con el hecho de que el imperativo 'iros', sea ya tan bueno como 'idos'. Un minuto más y el «si me queréis, 'irsen'» de Lola Flores en la boda de su hija mayor será aceptado como sintagma de compañía.

Veintinueve años de presidente de la Real Federación Española de Fútbol dan para mucho; se antoja una contabilidad quinquenal, soviética, propensa al mangazo. Me imagino que en ese tiempo, hasta el más honrado tiene picores. Y si encima tiene un hijo, Gorka, al que poner en danza heredera -Cruyff la cagó al poner a su hijo de titular en el Barça-, los ingredientes del posible delito están dados.

Los guardias dicen que Villar le hizo un boquete a la Federación Española de Fútbol de decenas de millones, 44; que cometió un fraude masivo y sostenido en el tiempo; que adjudicaba contratos desproporcionados, que tenía regados de dinero a sus colegas de saqueo para que luego le perpetuaran en el cargo. «Con lo mucho que trabajo por esta selección, que, por cierto, ha ganado un mundial y dos eurocopas, ¿cómo no me voy a llevar algo?», se habrá dicho varias veces Villar, en esta filosofía de la autocompensación. 'Fúrgol' es 'fúrgol'.

En su mandato, se acuñó 'villarato' como sinónimo de régimen dictatorial. No tengo nada claro que esté dispuesto Villar a dimitir si no es por imperativo legal. Hará todo lo posible para que, al menos, su hijo le herede. No hace falta recordar que los cracks que juegan han estado en el banquillo, de los acusados, o van en camino, por no pagar a Hacienda una parte de sus oceánicos ingresos. Cuidado con los que desde hace años aspiran a suceder a Villar, pueden ser peores que él.

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