El vídeo

El vídeo del hijo de Tomasa no ha llegado en un buen momento

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

El obispo de Málaga propone construir la torre que le falta a la Catedral y el hijo de Tomasa quiere destruir todas las que haya. La Catedral tiene goteras y mañana o pasado llega el diluvio universal. O la terminan hoy mismo o ya para qué. Lo mejor de la propuesta del obispo es el juego que genera. Es como el vídeo del hijo de la malagueña, que nos ha puesto a todos graciosísimos. Desde la arenosa Siria el joven barbudo se habrá sentido noqueado por el cachondeo. Desde luego es mejor esperar su indeseada respuesta riéndonos, pero y si. Las camareras de piso de la ciudad turística no llegan a final de mes aunque trabajen a destajo, como para ponerse serios con el tonto del vídeo. Se acabaron las tonterías, al menos éstas. Una malagueña es guerrera del ISIS y encima se llama Tomasa.

El obispo de Málaga debería reivindicar el acto de ponerle ese nombre. El joven barbudo, Mohamed Ahram Pérez, o sea: M. Ahram Pérez; o sea: majarón Pérez, creció en Córdoba, con el calor que hace en verano en Córdoba. Dicen los vecinos que no salía a la calle a jugar, seguramente ni veraneaba en Fuengirola, entonces cordobés de qué. Quiere vengarse de la inquisición, cuando debería buscar a los culpables de no salir a la calle, papá y mama. El califa, el visir, el jeque sobre la jaca, alguien importantísimo del ISIS, le habrá dado unos cuantos cogotazos, o a lo mejor ha sentido la improbable ternura y le ha dicho no te preocupes, tonto, van a enterarse ahora. Enterarse es una palabra terrible, puede serlo, pues si arrastramos la erre podemos hacerla doble. Enterrarse. O que él mismo tenga poder, con esa cara. O que su mensaje, como el agua de mañana en la Catedral, realmente cale.

De toda esta historia lo más difícil de comprender es que unas mujeres necesarias en la cadena turística no lleguen a final de mes ni haciendo horas extras, que además no se las pagan. Para contrarrestar la amenaza del tonto del vídeo vamos a imaginar una dulce historia de amor: la de un vigilante de seguridad de una subcontrata potente con una camarera de piso de una subcontrata más potente todavía. Tienen amor, mucho, y trabajo, demasiado, pero no pueden tener hijos porque tú llegas a la casa con el pan debajo del brazo (qué asco) y el niño se lo come y hay que comprar más, y la ropita, y el cole y quién demonio cuida al niño mientras regalamos horas extras. Al final nos toman como si fuéramos todos majarones Pérez, aunque seamos piezas fundamentales en la cadena. Del inodoro.

Pobre Pérez. Pobre Tomasa con esa cabecita. Pobre nosotros ahora liados otra vez con que si la torre sí o mejor no. Y tenemos sed y nos mandan toda el agua de golpe. Ya que viene tormenta que un rayo caiga sobre Pérez y otro sobre su puñetera madre. Y nosotros, mientras, podemos ir dejándonos de tonterías.

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