Otra vida perdida

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Había estrenado el año lleno de felicidad, la vida le sonreía, los problemas apenas le suponían graves quebraderos de cabeza y podía gozar en la primera semana de enero de su gran pasión, las motos. Como tenía varios días libres iba a disfrutar de un viaje por unos parajes bellos en los que el tiempo parece detenido para que sean admirados con fruición: son un almacén de recuerdos a los que se recurre cuando la nostalgia aprieta. La Serranía de Ronda, la Sierra de las Nieves, la ruta de los pueblos blancos, el parque natural Los Arconocales... El suroeste de la provincia de Málaga se hermana con el sureste de Cádiz para convertirse en un paraíso cuyo itinerario es muy recomendable en cualquier época del año: se puede apreciar el dorado del otoño, el colorido de la primavera, el irradiador azul del cielo invernal o el atardecer estival. Sobran los motivos para recorrer en coche o sobre dos ruedas estos rincones admirables.

Empero, esta estampa idílica se quiebra por la parte más débil de la cuerda que ata la vida a un sillín y el manillar es incapaz de resistir las embestidas en forma de baches de unas carreteras olvidadas en estos años de crisis. Desgraciadamente muchas carreteras no están para transitarlas. Una vida, otra más, se quedó interrumpida sobre el irregular firme de una calzada que no resiste la mínima ilusión de circular con precaución entre pueblos que merecen mayor atención. La consternación se hizo patente en todo el entorno serrano cuando se conoció la noticia de la muerte de un joven de 32 años tras un accidente de tráfico entre Ronda y Benaoján. El dolor no se mitigó porque nadie de alrededor lo conociera, ya que estos pueblos han sufrido en carne propia bastantes desgracias en forma de sobresaltos malditos por culpa de maltrechas vías convertidas en estradas que se cobran la vida de personas de distinta edad. Nada cura la desdicha evitable.

Y ahí entran las instituciones, los organismos oficiales, los ayuntamientos, la Diputación, la Junta y el Gobierno. Ya toca sentarse en una mesa y establecer prioridades en el reparto de los presupuestos anuales: hay que decirlo alto y claro, muchas carreteras de Málaga necesitan partidas importantes con los que tapar los agujeros que la desidia dejó al descubierto. Ya está bien de parches que no solo no evitan el problema sino que aumentan la posibilidad de accidentes. No hay bache que pueda justificar la pérdida de una vida. Asumámoslo.

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