Vida normal

La estrategia de defensa de los abogados de 'La Manada' es éticamente discutible

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Esta semana ha saltado a la palestra el concepto de vida normal. Se trata de un término difuso que parece hacer referencia a una supuesta existencia feliz, sin complicaciones, cotidiana y de hacer recados. Una vida tranquila y rutinaria, quizás aburrida pero ejemplar en todo caso y que podría asemejarse a una estúpida expresión que utilizó Mariano Rajoy en una de las últimas campañas electorales cuando dijo que el PP era el partido al que votaban «los españoles de bien», anulando en el camino toda la bondad nacional a quienes votan a otro partido. Pues los españoles de bien llevan una vida normal, o por lo menos eso es lo que dicen; luego cada uno en su intimidad se enfrenta con sus miedos y con sus traumas. Con sus zonas oscuras. Todos tenemos alguna.

El abogado defensor de tres miembros de 'La Manada', un apodo que resulta demasiado cinematográfico para un repugnante grupo de WhatsApp formado por una jauría de exaltados machos alfa, ha presentado como prueba las investigaciones que un detective privado realizó a la víctima de la supuesta violación en grupo durante los sanfermines. Con capturas de entradas en sus redes sociales y algún seguimiento, estos documentos quieren dar testimonio de que después del suceso la víctima fue capaz de hacer una vida normal. Que no debía estar tan mal cuando salía de su casa, haciendo como si nada.

Las redes se han incendiado, y con razón. Estamos ante una estrategia de defensa de una ética discutible: dar por hecho que la condición de ser violada en grupo implica el sometimiento a la ocultación y la incapacidad vital es un argumento perverso. Peligroso incluso, y extraído de un abogado desesperado, que ya no busca basarse en el simple argumento del consentimiento y seguramente busca reducir la cuantía de la pena de indemnización por las secuelas del suceso. La humillación de esta chica en esta fase del juicio, sin embargo, no era necesaria. Nadie sabe cómo debe comportarse la víctima de una violación para ajustarse a la normalidad. Se han olvidado de que el miedo tiene la capacidad de paralizarte. Que desde los deprimidos hasta los pacientes de las peores psicopatías pueden ser capaces de hacer precisamente eso, una vida normal, como el típico «siempre saludaba» que dicen los vecinos cuando le preguntan cómo era en las distancias cortas el asesino en serie que vivía en el 4º. También se ha desatado la sorpresa y la indignación porque el juez haya incluido en el sumario la investigación del detective mientras rechaza la inclusión de los mensajes que compartieron estos cinco sujetos los días previos a su particular hazaña y que les describe como lo que son. El juez tendrá sus motivos, y a la espera de que termine el juicio y con el deseo de ver condenados a estos cinco perros, asistimos a algo que empieza a ser demasiado habitual: insinuar que en una violación la culpa es de la víctima.

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