Vida y destino

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Ahora que los científicos han descubierto el origen de los objetos más pesados del universo (el polvo de estrellas), vamos conociendo el destino de estos objetos: caen sobre nosotros. En junio cayó un cascote de la Catedral y ayer alcanzó a un turista que podrá pedir cuentas a Dios, pues murió en el acto. Se trata de dos cascoques distintos, pero como tendemos a identificar al turista como una misma persona, por qué no hacer lo mismo con los trozos de piedra que se desprenden de santos edificios buscando la profana tierra. El cascote asesino es de una basílica de Florencia, pero si el cascote de nuestra catedral no es homicida se debe sólo a la santa puntería. Seguro que muchos estarán de acuerdo conmigo en que es mejor por un día, más siendo sábado, hablar de cascotes y de polvos, de estrellas, antes que del conflicto catalán, aunque volviendo a la puntería resulta que el turista tristemente muerto en Italia es de Barcelona. El Obispado está revisando el estado de la fachada de nuestra iglesia mayor. No hay que olvidar que la Catedral tiene unos años, aunque antes se construía de otra manera, al menos las catedrales. A comienzos de semana la terraza de una vivienda de El Palo se desprendió y cayó sobre un hombre que resultó gravemente herido. Si el cascote de la hermosa Florencia hubiese caído de un edificio moderno y matado a un modesto fiorentino ¿habría aparecido la noticia en nuestros periódicos? También son noticia algunas personas que se empeñan en no morir, qué manía. Sin tener nada que ver con la estúpida rivalidad entre Málaga y Sevilla, la sevillana Juan Escudero se enteró hace siete años de que está enterrada aquí. Podían haber esperado a que se muriese. Fue al médico porque le dolía aquí, doctor, y al introducir sus datos en el ordenador, el médico le dijo señora, lo siento, usted murió hace ya unos años. En una ventanilla le dieron la información que buscaba: usted está enterrada en Málaga, déjeme atender al siguiente.

Estar muerto da una coartada perfecta a los patronos para no pagarte, o a la policía para no renovarte el DNI, necesario si quieres viajar a Málaga y alojarte en un hotel tras visitar tu tumba. Aunque menudo privilegio visitar tu tumba desde fuera. Quien más y quien menos hemos deseado estar muertos alguna vez, aunque sólo un rato. Como Lázaro el remolón (Jesús tuvo que insistirle: «levántate, anda»). Hay parcelas donde cada vez caen menos cascotes, es el caso del cáncer de mama. En Málaga la supervivencia a esta maldición alcanza al 87% de los casos. El 87% son muchos pero demasiado pocos. Debemos saber más y obrar en consecuencia. Prevenir e investigar. Otras muertes son irreversibles, como la de la pequeña Lucía. ¿Cómo demonios puede afrontarse la muerte de una niña? Estamos en manos de un destino caprichoso. Somos turistas paseando entre catedrales de piedra gastada que se desprende a trozos. No me preocupa demasiado ni de dónde venimos ni a dónde vamos, pero sí el hecho de poder irme antes de tiempo por culpa del objeto más pesado del universo: el arbitrario destino.

Fotos

Vídeos