Viajar, fascinante riesgo

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

El verano que llama a las puertas es tiempo propicio para el viaje. Para viajar y conocer más y mejor a quien nos rodea. Para viajar y romper los estrechos claustros donde vivimos. Para volver al lugar donde fuimos felices, para descubrir espacios intransitables hasta ahora, para dejarse llevar y reaccionar ante nuevas formas de pasar la vida. Los seres humanos estamos hechos para el cambio, para la sorpresa, para conocer. Nunca para encerrarnos. Se pueden visitar otros mundos casi sin salir de casa. No hace falta ir muy lejos. Pero sí hace falta romper los muros en los que nos hayamos podido instalar: domésticos, religiosos, culturales. Si puedes viaja. Pero sé valiente. Prepárate porque tras un viaje se suele venir cambiado. No serás el mismo porque habrás conocido nuevas historias, nuevas gentes, nuevas vidas. Y habrás adquirido conocimiento, cultura y aprendido a vivir de otra manera. Romances, dragones y sirenas podrán sorprenderte. Pero no te preocupes.

Viajar es correr el fascinante riesgo del conocimiento alternativo. De pronto te das cuenta que otros piensan y legislan de forma diferente; de pronto te das cuenta que otros mundos son posibles; de pronto te das cuenta que es posible vivir de otra forma. Dicho de otra manera, ir más hacia afuera posibilita ir más hacia adentro, porque los viajes exteriores siempre acaban en viajes interiores que emocionan, con los que aprendes, con los que te enriqueces, con los que valoras lo que tienes, donde descubres más y mejor tu alma. Cada viaje es una oportunidad para conocer y conocerte mejor. Y para encontrarte con el Dios de la vida si tienes fe. Y si no la tienes, ten cuidado porque no serías el primero que tras un viaje ha vuelto con fe. Hay quien tras un viaje ha tenido una experiencia espiritual que lo ha transformado para siempre. Porque aunque en los viajes las cosas no hay que forzarlas tampoco se puede olvidar que viajar es integrar y descubrir. Y aprender a ser más libre. Y libertad y verdad se cogen de la mano en el encuentro con Dios. El que haya valores que nada ni nadie pueda manipular es autentica garantía de nuestra libertad y eso se puede aprender viajando: hay viajes inolvidables y preciosos que marcan para siempre hasta el punto de dejar una huella indeleble, imborrable en el alma. Por eso no dejes para mañana el viaje que puedes hacer hoy.

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