Versión polaroid

A CADA UNO LO SUYO

En la nómina de la amistad estarán para siempre mis compinches del BUP

PEDRO MORENO BRENES

No estamos todos los que somos, pero somos todos los que estamos. O como puñetas se diga. El caso es que gracias al empeño de una querida compañera, hace unos días nos juntamos a cenar un puñado de compinches de mi etapa del BUP. Faltaba mucha gente y la intención es movilizar a todo el que quiera y pueda para próximas reuniones de puretas con vivencias comunes entre los 14 y los 18 años. A la mayoría de los comensales de esa noche los veía muy de vez en cuando, y 35 años habían pasado desde el reencuentro con la mayor parte de ellos. Es prodigioso cómo la memoria se activa cuando charloteas con los que has convivido una parte de tu vida: recuerdos, anécdotas, el viaje de fin de curso, profes, gamberradas; en fin, una delicia para el espíritu. La verdad es que, en cómputo global, no estamos muy perjudicados con el tiempo transcurrido. Las niñas estupendas y guapísimas y los niños estábamos reconocibles respecto a nuestra jeta de antaño y no muy fondones; bueno..., fue muy oportuna una foto para refrescar la imagen de mi insolente melena de aquellos años ante la decadencia capilar que sufre la mia testa.

Nos hemos juramentado para que la siguiente quedada sea más concurrida y sobre todo más próxima en el tiempo; dentro de 35 años andaremos por los 87-88 tacos y no hay seguridad de que nos dejen salir solos de casa. La verdad es que fue una gran alegría compartir mesa y mantel después de tantos años con los que compartía bocatas, recreos, clases y confidencias, latín y matemáticas por medio.

En el viaje de la vida, incluso con las previsiones más optimistas, entro en la fase de mi trayectoria donde, recordando a Cavafis, Ítaca está más cerca. Mi viaje ha sido, es, y a Dios pido que siga siendo, un ajetreado tiovivo de rostros, voces, sentimientos y emociones. Y en esa moviola, las caras que reían conmigo en el encuentro del que les hablo están muy presente porque seguro que algo de lo que soy se lo debo a ellos: las influencias en esas edades son poderosas e imperceptibles.

En este viaje, largo y que continúa, he tenido la mejor compañía a la que un ser humano puede aspirar; los que me cuidaron y quisieron desde el inicio y que siguen ahí aunque a algunos ya no los vea pero sí los sienta, los que han nacido por mí y que, mejorando de forma infinita, me permitirán seguir a través de ellos y los suyos, y la compañera de viaje que se subió cuando ambos éramos jóvenes, enseñándome que la palabra amor se escribe con mayúscula. No han faltado los amigos y amigas, y en esa nómina que me honra estarán para siempre las niñas y los niños del BUP en Santa Rosa de Lima, versión polaroid.

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