Verdades de la sanidad pública en Andalucía

La salida del cirujano César Ramírez es una gran pérdida para la sanidad pública andaluza. :: sur/
La salida del cirujano César Ramírez es una gran pérdida para la sanidad pública andaluza. :: sur

El SAS, que parece un cortijo del que salen hastiados grandes profesionales, ya lo sitúan a la cola del país en atención sanitaria

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Si se escucha a los responsables de la Junta hablar de la sanidad pública parece que Andalucía es el ejemplo a seguir en todo el país y que hay una conjunción planetaria para desprestigiarla, sobre todo por parte de la oposición del PP. Lo mejor en estos casos es abstraerse de los posicionamientos políticos e intentar sacar una conclusión en base a la experiencia, intentando seguir las sabias recomendaciones empíricas de Locke y Hume. Por eso es básico el conocimiento en primera persona o a través de amigos o familiares en los que se tiene plena confianza, o simplemente con datos objetivos. Pues bien, esta semana la sanidad pública andaluza ha salido muy mal parada. En el momento de escribir este artículo, 100.751 personas habían leído la tribuna que César Ramírez, gran cirujano y mejor persona (tiene más que demostrada además una clara vocación solidaria), publicó en SUR el pasado domingo en el que apuntaba las razones por las que se veía obligado a dejar la sanidad pública. Sin duda, este dato cierto revela que hay un caldo de cultivo y un malestar entre el colectivo sanitario y los propios pacientes. Ya quisiera el más prestigioso columnista tener tal seguimiento. O sea, que tocó un asunto que interesa a miles de personas, que sin duda están descontentas con el funcionamiento del sistema o del régimen, porque el SAS ya tiene hechuras cortijeras con señoritos incluidos. En este asunto lo que llama la atención es que nadie se haya interesado a nivel oficial por saber qué ha pasado. Es decir, si el jefe de este cirujano actuó con discrecionalidad o con arbitrariedad. Que no es lo mismo. Mucha gente confunde tener la facultad de tomar decisiones a que estas sean injustas. En otras palabras, el jefe puede decidir que este doctor no reúne las condiciones profesionales para ocupar un puesto en Carlos Haya. Perfecto. Lo que no puede hacer es tomar esa decisión por un capricho o por un desencuentro personal. Bueno, puede hacerlo, pero lo más grave es que se lo permitan. Se debe buscar la verdad. Tampoco se miente cuando se pone en solfa el sistema de plazos recogidos en los decretos. Que alguien demuestre que dispone de un diagnóstico cerrado en dos o tres meses desde que va al médico con un problema que requiere la atención de un especialista o la realización de pruebas diagnósticas. Eso no se lo cree nadie que se haya acercado directamente al SAS. Puedo dar fe. Esto no debe interpretarse como que la sanidad pública es mala, ni mucho menos. Hay buenos médicos y buenos equipos, seguramente los mejores o tan buenos como los que hay en la sanidad privada, que avanza a pasos agigantados, porque no hay más valioso para cualquier persona que su salud. Pero por desgracia los medios públicos no son suficientes y el acceso a estos profesionales y a estos equipos se convierte en el gran problema. En numerosas ocasiones se llega tarde y aunque es duro decirlo no es ninguna falsedad, o sea que es otra verdad, apuntar que hay gente que se queda por el camino que probablemente se podría haber curado. Y esto solo se soluciona con más medios. El informe que también se ha presentado esta semana de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública, que no parece nada sospechosa ni que vaya en contra de los intereses de la gratuidad de la asistencia, ha colocado a Andalucía en la cola de España. Y lo hace en base de estos datos: el menor gasto por habitante de España, menor número de camas hospitalarias por habitantes y tercera con menos quirófanos. Aunque duelan estas son algunas verdades de la sanidad pública andaluza. Y lo peor de todos es que no se afronten de una vez los problemas y se trate a la población como si realmente no supiera lo que pasa. Por eso llama la atención que el Gobierno andaluz necesite que una comisión de ciento y la madre analice durante un año y medio si en Málaga hace falta otro hospital. Como diría Santo Tomás, ver para creer...

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