Verbenear en sagrado

Yo quiero un espetito el día del Carmen. Sin herir sensibilidades

JESÚS NIETO JURADO

Piensen ustedes en una familia de filiación marenga cuando media julio, con el agua al cuello en lo económico, con un televisor aún no pagado. Con la vida, en suma, a plazos y casi náufragos en esto del vivir. Piensen también en un almanaque del 2017 colgado en la cocina de azulejos blancos, donde van quitándose los días al año, los minutos al día, entre el hueso de jamón y el cuadro de la luz. Vean ese almanaque, cortesía de 'Carnicería Juan', con una imagen de la Virgen del Carmen resplandeciente, tomada con ese contraluz mágico que sólo tiene julio. Piensen en la hija de la familia, aplicada, vestida de blanco como una novia 'juanramoniana'. Piensen en que la niña se llama Carmen, que va camino de los 18, que entra en la Universidad a la vuelta del verano, que lleva una cadenita de la Virgen del Carmen del día de su comunión. No son aquí estos amigos del pueblo viejo de Torremolinos unos meapilas, sino más bien unos entrañables católicos no practicantes de la parte vieja de la localidad, donde la cal vence aún al desarrollismo. Pasean por La Nogalera, por las distintas edades de ese Torroles que fue Nueva York y debe volver a serlo; quizá cuando vuelvan a rodar las primeras escaleras mecánicas que viera la Costa del Sol.

Pero volvamos al meollo; la niña, que se llama Carmen, camina por Pueblo Blanco y en el camino se cruza con un pastor protestante y unos hare krishna que no van por ahí -ni el pastor ni los de las túnicas- volcando vírgenes. Y piensen ahora en el cartel anunciador de las fiestas del Carmen de La Carihuela, con la sombra de María puesta del revés y un diseño parecido al que usan cuando anuncian reggaetón en Los Álamos, y entrada gratis si vas de ibicenco.

Bien es cierto que aquí cada uno puede hacer lo que quiera, pero no es menos cierto que ha habido romería arcoíris en Madrid y se ha hecho mofa de las creencias, y lo entendemos todo en el contexto y la algarabía. Uno es liberal y hasta libertino, y entiende que todo esto de ir contra la religión forma parte de una represión inversa, de un esnobismo y hasta de la última tendencia de la mercadotecnia verbenera. Pero si somos tolerantes, somos tolerantes hasta todo y hasta el último extremo. Y sí, sí me duele que a la Patrona de los marineros, a esa divinidad de las mareas desde Palmones a Estambul, de las Antillas a Ushuaia, la vengan a denigrar en un cartelón feote, con unos sardinones disfrazados de marineritos que me evocan, en mi ya larga memoria artística, a alguno de los mejores fotogramas de 'Cateto a babor'», con Alfredo Landa y Pepe Sacristán.

Quizá nos detengamos hoy, lector, en un universo de sensibilidades heridas, de sensibilidades que salen a herir, de gente que pasaba por allí, de colaboracionistas involuntarios; de que algo tendrá el santo cuando tanto lo bendicen.

Yo hoy me siento levemente insultado, pero aquí la Virgen y yo mismo sabemos que más cornadas da el hambre. Y quiero un espetito sin meterme con nadie. Amén.

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