El verano catalán

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Cataluña es un julio sin verano. Con días sin mar y noches sin luna. Es rehén de un discurso secesionista que no está dispuesto a dormir hasta ver cumplido su sueño independentista que no propone sino que impone. Día tras día conoceremos un nuevo apéndice del libro del independentismo catalán. Su primera meta volante será el paso del Rubicón en forma de referéndum el próximo uno de octubre cuando algunos estén celebrando el día de San Wasnulfo. Nadie podrá decir que Puigdemont y sus compañeros de viaje no están siendo previsibles en cada uno de los pasos que están dando. Los secesionistas podrán ser acusados de todo menos de malos propagandistas. No hay santo sin su octava ni independentista catalán sin su proclama.

El desafío territorial al que se enfrenta España en este verano no es un tema menor. Parece que los dirigentes políticos nacionales no independentistas quieren minimizar y restar valor a lo que cada vez más españoles están definiendo como un golpe de estado a cámara lenta en toda regla. Las dimensiones del problema y la complejidad del mismo no se encuentra en el tiempo de la búsqueda de los responsables del mismo, sino en el de la obligación de encontrar los hombres que aportarán las soluciones más convenientes para un país democrático y maduro como el nuestro. Parece una broma pesada las referencias de los catalanistas al modelo bolivariano venezolano, pero nos causa mayor desasosiego la inacción de los responsables políticos españoles obligados a buscar una salida a este gravísimo problema.

La experiencia nos dice que las llamadas al respeto de la legalidad vigente suelen tener poco recorrido cuando ya se han traspasado determinados límites. La ensoñación de que en veinticuatro horas nuestro estado de derecho puede parar todo esto es únicamente un brindis al sol. Es desconcertante comprobar la falta de unidad de acción por parte de los partidos políticos llamados constitucionalistas. El Partido Popular sigue hablando sólo de puertas para adentro, el PSOE de puertas para afuera y Ciudadanos en las redes sociales. Podemos se frota las manos y se sienta en el bordillo de la política a esperar. Ante la respuesta fósil al mejor estilo de don Tancredo de nuestro gobierno, sólo podemos poner nuestras esperanzas en los españoles con vergüenza histórica que serán los que formulen las diferentes salidas democráticas a este laberinto territorial que obligará a los políticos a suspender sus vacaciones. En este tiempo de aniversarios, como el de la Transición o el del espíritu de Ermua, confío de nuevo en nosotros.

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