EL EXTRANJERO

Verano

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Ya llegó la noche de los judas y los fuegos. Todo lo falso y todo lo malo ardió. Las playas se llenaron de jóvenes en busca de una magia que sólo a unos cuantos fue a visitar. Para el resto, humo, botellón, el ritual de siempre y el regreso de madrugada a casa. La rica al rosal la pobre al portal, como en aquella vieja canción de Serrat. El paro o el trabajo en semi explotación, las vacaciones como una prolongación de la nada. Muy lejos resuenan los políticos con su monserga ensimismada. El verano marca todavía más la distancia de la calle con el laberinto de los parlamentos y las casas consistoriales. Empieza una disipación que sólo septiembre tratará de volver a aglutinar. Para entonces quedan todas estas asignaturas graves, enrevesadas e incluso envenenadas que permanecerán en sordina durante este tiempo en el que todo parece más liviano y menos relevante.

Quizás a la vuelta del verano nos expliquen algunas cosas. Desde los asuntos globales a los más humildes y domésticos. Los tratados internacionales, los congresos provinciales con peligro de convertirse en ajustes de cuentas, los museos cerrados por la tarde en plena campaña turística, los monigotes de Invader enquistándose en la inoperancia, los dislates y los olvidos. Quizás lleguemos a comprender realmente de dónde vienen los balanceos del PSOE de Sánchez y si realmente su razón de ser es hacer oposición al PP o a Podemos. De dónde procede su previsible abstención al CETA y si es de fiar un partido con ansias de gobierno que ante un tratado de esa envergadura pretende inhibirse, quedarse en el limbo del no sabe no contesta. No ser seguidista del PP. Ser de izquierdas casi como Podemos, pero no tanto. Se pregunta uno si ante un asunto de esta magnitud ese partido también se encogería de hombros si estuviese en el poder. Y para acabar se interroga uno sobre si todo eso tiene que ver con una verdadera visión de gobierno o con una cábala electoralista. La misma estrategia que ha venido empleando el itinerante ideológico Pablo Iglesias -hoy socialdemócrata, mañana bolivariano, o viceversa- y que el mutante Pedro Sánchez no para de imitar en su búsqueda no de un sólido programa de cambios políticos sino de la Moncloa.

Nación de naciones, fuegos artificiales, Guardiola como defensor del Estado opresor con un ofensivo y delirante 3-2-5 que lo sitúa en el patio del colegio político, dando patadas sin rumbo a la pelota de la realidad mientras que por suerte, y en sentido inverso, Europa hace pesas y recobra músculo gracias a un clarividente Emmanuel Macron. Albert Rivera quiere mirarse en ese espejo sin atinar con las altas dosis de vitamina intelectual que ha ingerido el presidente francés y al que también el PP, entre balbuceos, reclama como pariente político mientras se encomienda al olvido veraniego y espera que el estío reseque y disperse el olor de las toneladas de basura que guarda en los sótanos de Génova. Judas, calor y olvido. La mejor estación del año, dicen.

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