La venta de humo

FRANCISCO MOYANO

ALGUNOS asuntos relacionados con grandes proyectos que se anuncian con toque de fanfarria y que supuestamente se realizarán en Marbella, terminan quedando en simples intenciones, en una especie de niebla que termina por disiparse y que nos devuelve a la realidad. El puerto de La Bajadilla es uno de esos proyectos que suscitó el escepticismo generalizado y que, de momento, ha quedado en simple humo. Por supuesto que no puede obviarse, aunque resulte tópico y rutinario, la llegada del tren litoral o la enquistada ampliación del Hospital Costa del Sol y la construcción de nuevos centros de salud: tres en todo el término municipal cuando por el censo poblacional corresponderían al menos el doble. Mientras tanto, la ciudadanía ejercitando la paciencia, a veces confundida con la indolencia. Pero el anuncio de grandes proyectos que terminan quedando en nada no es exclusivo de Marbella, ni de los tiempos actuales; más bien ha sido una constante histórica en la Costa del Sol. Recordaré una de esas megaempresas que quedaron solamente en las páginas de los periódicos y en los archivos de la Administración. Fue en la segunda mitad de la década de los años ochenta, siendo presidente del Patronato de Turismo Ángel Carazo, cuando, tras la fallida implantación de Eurodisney, el empresario y promotor libanés Reda Alaywan, anunció la apertura en el término municipal de Benahavís de un superparque de atracciones que además iba a contar con un complejo sanitario al estilo de Incosol. Hace pocos años Reda Alaywan fue noticia por la querella que presentó contra la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, por supuesta estafa y prevaricación y también por ser uno de los últimos propietarios del hotel Los Monteros, del que salió dejando la instalación endeudada hasta las cejas y fuera, momentáneamente, del mapa turístico. En los años 1986 y 1987 el promotor Alaywan se encontraba intentando reunir los 400 millones de dólares en que se presupuestaba el proyecto. Se anunciaba en aquel momento que se habían interesado promotores españoles, de otros países de Europa, árabes y americanos. Se hicieron públicos los nombres de las empresas constructoras que mostraron su interés por llevar adelante la realización de lo que prometía ser el gran parque de atracciones de la Costa del Sol. Incluso Alaywan aseguraba que, caso de no cuajar el proyecto de Eurodisney en París, sería el más importante de Europa. Las constructoras eran Entrecanales y Tavora, Cubiertas y Tejados, Dragados y Construcciones, Ferrovial y Obras y Fomento. Presuntamente se contaba con una participación del veinticinco por ciento del coste total por parte del Gobierno central, según los contactos que se habían mantenido con los ministerios de Economía y Hacienda, turismo y Obras Públicas. Para poner en marcha el proyecto se había comprado una finca en el término municipal de Benahavís a Unión Resinera, adquirida por la sociedad de capital internacional Daylong Island Española S.A. Se aseguraba que habían pagado alrededor de los dos mil millones de pesetas por unas siete mil hectáreas de terreno. En aquellos días, el alcalde de Benahavís declaraba que su ayuntamiento no tenía conocimiento de esa operación. El asunto llegó al Parlamento andaluz mediante una batería de trece peguntas para ser contestada por el Gobierno andaluz y que presentó el parlamentario de Izquierda Unida Andrés Cuevas González. La información fue requerida al promotor y como respuesta a la pregunta seis afirmaba que &ldquohabrá una primera construcción para el parque, de ochocientos mil metros cuadrados (80 hectáreas) y un millón de metros más para una futura ampliación del mismo; 450 hectáreas serán para hoteles y campos de golf y quince millones de metros para viviendas y apartamentos.&rdquo El promotor aseguraba que la Junta de Andalucía había prometido una autovía y la llegada del ferrocarril hasta Estepona. Se esperaban tres millones de visitas al parque; siete mil puestos de trabajo directos y más de veinte mil indirectos. Como complemento se contemplaba un centro sanitario con cien habitaciones para medicina y cien para sanatorio/hotel, en forma de concesión a la compañía helvética Sihec-Holding LTD. En 1989 comenzaría la construcción. El presupuesto inicial era de cuarenta millones de dólares. Los años pasaron, los inversores no llegaron, la burocracia jugó su papel, y, tanto el superparque como la superclínica, quedaron simplemente en humo. Una vez más.

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