Veneno en la piel

ARTURO REQUE

SI bien la canción de Radio Futura va por otros lares me sirve para reflejar una situación que se vive cada vez más a menudo en la sociedad, especialmente reflejada en el espejo público que son las redes sociales. Son habituales los personajes que aprovechan el veneno de su piel para embaucar a otros cuantos ansiosos de atizar a los que no sean de su misma opinión. Llamarlo público es una pantomima ya que lo único que tiene de esto es que permiten juzgar abiertamente a quien se les antoja, sin posibilidad de réplica, y sobre la base de una rumorología bien estudiada y manipulada.

Podrán notar que algo de personal hay en estas líneas ya que hay quien busca la manera de sacarme vínculos políticos que puedan enmudecer mis opiniones. Aplaudir las buenas intenciones en vez de criticar actuaciones más o menos afortunadas molesta a los de la piel tóxica que desean la continua confrontación en las barricadas. No apoyo esta manera de afrontar la vida diaria, pero tampoco van a encontrarme de frente por mucho que me provoquen. Prefiero ser productivo, colaborador y proactivo, fijarme metas y buscarlas paso a paso, reconociendo las dificultades pero sin dejar que me superen. La vida no es blanco o negro, y no me identifico con aquellos que quieren verla así (salvo con Tico y su excepcional recopilación de fotografías de Marbella). Es esto mismo lo que busco en mis representantes políticos y pocas veces ofrecen por aquello de la inexplicable disciplina de voto. Perdemos buenas ideas y proyectos por falta de acuerdos provocados por estrategia de desgaste al contrincante. Lo ejercitan unos y otros; no hay quien esté al margen ya que sería retirado inmediatamente del PARTIDO.

Desde esta atalaya que me ofrece Diario SUR cada quincena, sin ataduras ni orientaciones, observo en el horizonte una Marbella viva, con sus carnes abiertas por obras de mejoras y mucho turismo por sus calles y playas. No llueve al gusto de todo y la queja es un habitual en el ser humano cuando le tocan su rutina o no se le resuelve su problema particular. Si bien las ciudades deben estar en continuo mantenimiento y avance, he pedido muchas veces a los responsables de turno la máxima información previa, y durante el desarrollo, de las actuaciones que se vayan a acometer, especialmente de obra de larga duración. Es una sana costumbre que implicaría que Administración y contratista se vean obligados a cumplir estrictamente unos plazos y un proyecto, evitando los máximos imprevistos. Esto que en lo privado es cada vez más habitual, con el auge de empresas de Project Managers que supervisan plazos y costes dejando a la dirección facultativa el control de la ejecución de la obra, no lo es en absoluto en el ámbito de lo público y los sobre costes y errores de planificación acaban generando rumorología, desconfianza y desesperación en la población, alimentando las críticas de los partidos de la oposición ya que ellos se sienten plenamente identificados y lo harían mejor.

Los veranos de ahora nada tienen que ver con la búsqueda de paz y tranquilidad, relajación y meditación. Si Marbella está hasta la bandera demuestra que el público busca &ldquojaleillo&rdquo y ambiente; cuanto más, mejor. El sonido del mar se asocia al de las motos acuáticas, la brisa de la montaña con el ruido atronador del Ferrari o Maserati, y este año acompasado con el de las máquinas asfaltadoras. Las quejas vienen más de los paisanos que de los veraneantes, tal vez acostumbrados a que en sus grandes ciudades estén todo el año patas arriba. Será parte de la desestacionalización que tanto pregonamos...

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