Veinte años ya

La rotonda

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Hubo un día en el que Sevilla tuvo un color especial a ojos de los malagueños. Fue un domingo de agosto, con el alma enardecida por el calor y el corazón palpitando de emoción. Acelerado. Apremiado por el momento. Ya se sabe que los sueños corren veloces en busca de su destino. Esa tarde en San Pablo, apelmazada, con el sol esquivando su ocaso porque no quería perderse ese instante épico nunca visto hasta entonces, la piscina tornó en mar de emociones, con olas gigantes que inundaron miles de ilusiones, con lágrimas que conectaron el río Guadalquivir con el mar Mediterráneo en una marea incontrolable. Por inesperada -lo que no resta un ápice de mérito alguno- fue especialmente entrañable. Ese día María Peláez rotuló su marca en rojo y gualda, unió para siempre el nombre de España a la hazaña en natación y Málaga encontró a la mariposa más bella jamás vista para que volara por la historia desplegando sus alas maravillosas.

Fue hace veinte años, pero parece que fue ayer, porque los recuerdos maravillosos permanecen indelebles en la memoria. Fueron tan gratos... Ese 24 de agosto de 1997, la ondina del Real Club Mediterráneo se proclamó campeona de Europa en los 200 metros mariposa en piscina larga y, sin pretenderlo, puso una pica en Flandes como la primera española en alcanzar la élite continental. Un hecho sin precedentes en esa centuria.

Una mirada retrospectiva añade aún más si cabe valor añadido a la gesta de María Peláez, teniendo en cuenta que hoy en día parece normal el nivel mundial actual de Garbiñe Muguruza, Mireia Belmonte, Ruth Beitia o Carolina Marín, números uno en sus respectivas especialidades. Pero al final del siglo XX el deporte femenino apenas descollaba, era un páramo, más allá de contadas sobresalientes figuras... de ahí que esta malagueña, que ya fue la 'pezqueñina' en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 (la más joven entonces y entre las elegidas después con cinco Juegos Olímpicos acumulados a sus espaldas), entrara en la leyenda y la felicidad atinara a hacerse un hueco en una ciudad que siempre le estará agradecida por lo que hizo. SUR recorrió en ocho páginas sus brazadas hacia la gloria, tituló de forma descriptiva 'Una chica de oro' la crónica para la posteridad y en la portada brilló con gesto emocionado una María Peláez que exhibía una sonrisa indisimulada que tardó tiempo en desaparecer. Desde entonces es 'Madame Butterfly'. Un término que suena a música celestial veinte años después.

Fotos

Vídeos