El valor de las bicicletas

La mayoría de carriles bici que se han construido en Málaga son una auténtica chapuza

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

No se debe generalizar pero tampoco puede uno evitar hablar desde su propia experiencia: poquísimas veces en mi vida he visto a un ciclista detenerse en un semáforo en rojo ni delante de un paso de cebra. Lo mismo he tenido mala suerte, pero mi impresión es que para muchos ciclistas urbanos las normas de circulación parece que no van con ellos, y la policía tampoco les hace mucho caso a sus imprudencias. Son vehículos cuando les interesa pero se transforman en peatones si les conviene, todo sin bajarse de la bici. Conozco a varias personas que han sido atropelladas por las bicicletas en los últimos meses. Tampoco podemos olvidar que el número de ciclistas atropellados por los coches, muchas veces con consecuencias dramáticas, es una pasada, y todo esto invita a pensar que en realidad la culpa no es de las bicicletas ni de los coches sino de la gente disparatada que los maneja. En cualquier caso no importan cuántas temeridades se hayan cometido en nuestra vida: la percepción generalizada es que hace falta mucho valor para desplazarse por Málaga en bicicleta. Y pocas cosas pasan.

La ciudad está dando tumbos en la promoción de este sistema de transporte. También es verdad que en Málaga decimos que hace un tiempo ideal para montar en bicicleta y luego llega uno a los sitios empapado en sudor. El sistema público de alquiler de bicis ha cancelado su expansión por las empresas privadas que pululan por toda la provincia. La cosa se ha quedado en 400 bicicletas y 23 estaciones, datos de pueblo grande. Respecto a los carriles bici, dentro del mágico Plan Andaluz de la Bicicleta, la Junta probará suerte. Y ya era hora: Málaga era la única provincia en la que el Gobierno andaluz no ha acometido ni un solo metro de los 165 kilómetros prometidos en 2014. El Ayuntamiento sí los ha hecho y ahora tiene previsto iniciar dos nuevas vías: una entre la avenida Cervantes y el paseo marítimo Picasso y otra entre Puerto de la Torre y el carril de la avenida de Carlos Haya, que por cierto es un auténtico cuadro. Y aquí entramos en otro dislate: ¿tendrá la Junta capacidad para construir carriles bici que no sean una auténtica chapuza? Algunos en Málaga pasan con toda la tranquilidad del mundo bajo señales de tráfico, farolas o quioscos enteros. En muchas avenidas se han sacrificado aparcamientos para luego subir a los ciclistas a las aceras, quitándole espacio al peatón, aunque a los conductores no les importa porque siguen aparcando en ellos. Otras veces, la abundancia de mesas y sillas hacen que el peatón sólo pueda pasar por encima porque con tanta terraza no les queda otra; es eso, tirarse a la calzada o pedirse un mitad doble. Todos estamos de acuerdo en que la bicicleta es el vehículo del progreso, pero ahora es como si todo lo que tenga que ver con las dos ruedas viniera lastrado por la lentitud y por la pereza.

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