Vacunas a golpe de pistola

JUAN GÓMEZ-JURADO

El pasado 27 de enero era el día D en una campaña de vacunación en todo Brasil. El país sudamericano lleva meses luchando contra una terrible epidemia de fiebre amarilla que ha matado a casi un centenar de personas. El Ministerio de Sanidad brasileño ha puesto en marcha un plan para vacunar a millones de personas y frenar la epidemia, pero claro... hay personas y personas.

Por ejemplo, los pobres. Los pobres que viven en las favelas son menos personas, todo el mundo lo sabe. Por eso es normal que cuando el sistema de salud de un país entero esté en quiebra por la incompetencia, la falta de planificación y la corrupción, los pobres sean sistemáticamente ignorados en el plan de vacunación, porque una muerte en la favela no llega a los medios de comunicación, es estadística, pero menos. Es estadística en letra pequeña, un pie de página.

Con los pies de página se lidia mirando hacia otro lado o poniendo un tuit, eso lo sabe todo el mundo. Así que no había vacunación el 27 de enero en la favela Salgueiro. Esa que queda tan estética en las películas sobre Río, hasta que uno se adentra en sus laberínticas calles y ve que en realidad es un pozo de miseria y tristeza del cuál es imposible salir.

Entra en escena Thomas Vieira, conocido como 2N, uno de los narcotraficantes más sanguinarios y peligrosos de Río. Que creció en la favela Salgueiro. Y que esa madrugada del pasado 27 de enero decidió que iba a enmendar el error en el pie de página, estilo narco.

Se presentó en un centro de salud municipal y secuestró a punta de pistola a dos enfermeros. Los metió en una furgoneta negra sin ventanas, junto a decenas de cajas de vacunas y jeringuillas, y los llevó a la favela Salgueiro al estilo del Al Capone de Scorsese. Ese que decía, al principio de la película. «Se llega más lejos con una palabra amable y una pistola, que solo con una palabra amable».

Los enfermeros fueron conducidos con la máxima cortesía y un cargador repleto apuntando a sus nucas hasta un bar de la favela. Luego el narco y sus secuaces fueron casa por casa llamando a la gente, sacándolas de sus camas en plena noche, para que acudiera a vacunarse. Tras toda la noche trabajando, los enfermeros regresaron sanos y salvos. Y con unos billetes en el bolsillo, aunque eso solo me lo imagino.

Podemos ser todo lo cínicos que queramos acerca de las motivaciones del narco, y esa acción violenta merece un castigo, sin duda.

Pero.

Un peligroso y abyecto criminal puede sacarnos una sonrisa. ¿Confuso y moralmente turbio? Este es el mundo en el que vivimos, tal es la condición humana. El que lo probó, lo sabe.

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