Ursula y Darcy

ROSA BELMONTE

Ursula K. Leguin nunca superó su enamoramiento por Fitzwilliam Darcy. La creadora de universos alternativos tan fascinantes y complejos como Ekumen, sucumbía, igual que Bridget Jones, al galán de 'Orgullo y prejuicio'. Hace meses, cuando se publicó 'No Time to Spare' (una colección de ensayos), a la escritora recién desaparecida le preguntaron qué libro le habría gustado escribir. «Cualquiera de Grace Paley». De hecho, le habría gustado ser más como Gracey Paley. Su héroe literario era Yuri, de 'Doctor Zhivago'. Y todavía más héroe era Boris Pasternak. «Por su tranquila y sutil resistencia a la tiranía». Recuerda Federico Jiménez Losantos en 'Memoria del comunismo' (La Esfera) que Pasternak se inspiró para Lara en Olga Ivinskaya, editora, amante y luego su espía. «Como si Julie Christie hubiera traicionado a Omar Sharif». Yo prefiero Darcy a Yuri. Aparte de que no hay comunismo, hace menos frío en Pemberley que en Rusia. Y que en Soria.

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