Andalucía en el diecisiete

Unidos tras la batahola

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

HACE ya algo más de diez años que los partidos de mayor representación en el Parlamento, PSOE, PP e Izquierda Unida, protagonizaron uno de los pocos consensos trascendentes en la historia autonómica al pedir el sí en el referéndum del nuevo Estatuto de Andalucía. Hizo falta mucha generosidad de unos y otros y mucho diálogo, tanto como tiras y aflojas, para que la derecha y las izquierdas se pusieran de acuerdo sobre el nuevo Estatuto. También en el referéndum del 20 de octubre de 1981 izquierdas y derechas coincidieron en pedir el sí al primer Estatuto, pero pesaba entonces -y siguió pesando en las tres décadas siguientes- la posición contraria de la UCD y AP al referéndum histórico y decisivo en la autonomía andaluza, el del 28 de febrero de 1980. Es decir, no se les tuvo en cuenta la reubicación posterior y hasta 2007 la derecha andaluza no tuvo oportunidad de purgar su abstención del 28F.

Aquel consenso de 2007 tuvo, como siempre en la historia autonómica andaluza, a Cataluña como referente. No ser menos que Cataluña y su nuevo Estatuto. Dijeron que fue un calco uno del otro, aunque el andaluz contó con un salvavidas que evitó que el Tribunal Constitucional lo trasquilara después como hizo con el catalán: Anotó en los artículos más polémicos la obediencia a la Carta Magna, un latiguillo que forzó el PP de Javier Arenas. Con todo ello hay que recordar que el Tribunal Constitucional también dejó a Andalucía en 2011 sin sus competencias del río Guadalquivir recogidas en el nuevo Estatuto.

Ahora una década después, el consenso en Andalucía vuelve a ser muy necesario. Dure lo que dure la vuelta a la normalidad y legalidad en Cataluña, ya se sabe que el pacto PP-PSOE-C's implica una reapertura del debate territorial sobre el estado de las autonomías. La comisión para la reforma de la Constitución es solo un embrión en el Congreso y la batahola del secesionismo catalán es tan tremenda que no deja hablarse de nada más.

Pero llegará el día en que se empiece a hablar y entonces sería bueno para Andalucía tener una voz poderosa, la que corresponde a sus 8,5 millones de habitantes. El vigor de esa fuerza dependerá del consenso de sus representantes políticos.

Hubo un disidente en 2007 que estropeó la foto de la unidad, el Partido Andalucista. Por salir más en la foto se opuso a aquel nuevo Estatuto con el pretexto de que era corto en avances de autogobierno. Un año después, en las elecciones autonómicas de 2008, quedó fuera del Parlamento andaluz por primera vez en su historia. Hace dos años el partido de Rojas Marcos, que tuvo incluso grupo político en el primer Parlamento de Cataluña, firmó su liquidación y echó el cierre a cuatro décadas de nacionalismo andaluz.

Al mismo tiempo Podemos y Ciudadanos entraron en la Cámara andaluza modificando el ajedrez autonómico. Cuando pase la batahola de Cataluña tendrán su primera oportunidad de defender los intereses de Andalucía sin menoscabar los del resto de España, como ha sido la tradición democrática en esta Comunidad. O no, o quieran romper con la tradición. El desafío secesionista ha dejado muchos interrogantes sobre un posible consenso en Andalucía para el día después. Los partidos andaluces han tenido diferentes opiniones sobre cómo afrontar una salida a Cataluña, aunque todos coincidan en defender que este territorio siga siendo español.

Por primera vez la izquierda en Andalucía ha estado dividida sobre el debate territorial. Podemos ha tirado de IU y se le ha visto coquetear con un nacionalismo independentista que se ha desvelado loco de atar. Una posición ambigua que muchos votantes de IU y Podemos en Andalucía no entienden. Quizás ahora, con la convocatoria de elecciones el 21 de diciembre, reubiquen su posición, como la derecha con el 28F.

Susana Díaz tomó la iniciativa invitando a los partidos a un diálogo en el Parlamento sobre el futuro modelo de financiación autonómica. El grupo de trabajo ya ha echado a andar. Es un primer paso importante. Como lo es que en el debate parlamentario del Presupuesto para 2018, que también comienza ahora, el Gobierno de Díaz atienda algunas enmiendas de la oposición. Como dicen en el campo: Para recoger hay que sembrar.

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