LA UNIDAD PRIMERO

El secesionismo amenaza lo mejores valores de Europa

JOSÉ M. DE AREILZA. CÁTEDRA JEAN MONNET-ESADE

La Unión Europea es un actor decisivo en la crisis constitucional que estamos viviendo en España. Los principios, normas y valores contenidos en los tratados conforman un verdadero régimen anti-secesión. De este modo, un territorio que consiga separarse del Estado miembro al que pertenece y convertirse en Estado tercero queda fuera de la UE de modo inmediato, con unos costes inasumibles y la perspectiva de un proceso de adhesión lleno de incertidumbres. Si además ese territorio escindido ha actuado frontalmente contra el Estado de Derecho, no cumple con la condición básica para ser considerado candidato a la ampliación. El precedente de una ruptura traumática de un Estado miembro con el peso de España es gravísimo para los demás países europeos, que temen el efecto contagio y contemplan cómo nacionalismo y el populismo se alían para agitar la política en muchos rincones de la Unión.

El actual secesionismo catalán amenaza los mejores valores europeos. La integración tiene como finalidad unir personas y hacerlo sin discriminaciones ni asimilaciones, reconociendo al Otro. Es una visión ética y civilizatoria, basada en el deber de solidaridad y de gestionar la interdependencia en una Comunidad de Derecho, mediante la negociación de soluciones a problemas comunes. Da respuesta al reto histórico de construir Europa respetando y valorando las identidades colectivas -nacionales, subnacionales o locales- que nunca pueden ser monolíticas o excluyentes, sino siempre compatibles unas con otras. El precio para que este sueño cosmopolita e integrador vaya adelante es dejar atrás el nacionalismo y el proteccionismo, quitar las fronteras y considerar una verdadera riqueza la diversidad de culturas, lenguas e historias del continente. También, aceptar la disciplina económica y jurídica que procede de las instituciones de Bruselas y de los tribunales europeos. El objetivo no es construir unos Estados Unidos de Europa, una polis centralizada y homogénea. La integración busca transformar a los Estados nación en Estados miembros de la UE y dar forma a un nivel de gobierno supranacional que opere como una democracia de democracias. La porosidad y la apertura de cada miembro a las realidades de la integración es plenamente compatible con la preservación de su integridad territorial y de su constitución.

El Tratado de la UE fue reformado en Lisboa en 2007 para precisar que la Unión «respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional». Así, para que la integración europea tenga plena legitimidad es necesario que existan democracias nacionales en pleno funcionamiento, de acuerdo con sus normas vigentes. Ante la tensión máxima a la que ha llegado el secesionismo catalán, las instituciones europeas y de los Estados miembros defienden antes que nada la Constitución de 1978 y el Estado de Derecho. La unidad de la democracia española es la premisa sin la cual las llamadas a iniciar un proceso de reformas carecen de lógica europea.

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