Turismofobia y xenofobia

La 'nueva' forma de hacer política de los herederos batasunos queda retratada con el divertimento de encapuchados de discoteca

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Los viejunos de las juventudes de los herederos de los batasunos han recuperado la capucha de sus mayores para hacer una pintada en la oficina vasca destinada a fomentar el turismo en Euskadi.

Tiene bemoles el asunto. Hace un rato, en términos históricos, los batasunos que se entrenaban para ser de ETA quemaban coches franceses, destrozaban vehículos matriculados en Madrid o en Zaragoza y espantaban a cualquier español o francés que se atreviera a visitar Euskadi. 'Ven y cuéntalo', contratacó voluntaristamente el gobierno vasco de coalición, PNV y socialistas, para fomentar que llegaran a Euskadi los turistas que los supremacistas cachorros batasunos no querían ni ver.

Ahora, no sé si con envidia por las emociones que provocaba la kale borroka -quemar autobuses y cajeros, pintarrajear lo que tocara- las juventudes de los nuevos/viejos tiempos, hacen una pintada gratis y lo cuentan. Lo pasan chupi mientras tanto. Han aprovechado el contagio de la estupidez de la turismofobia para tratar de hacerse un hueco en la agenda mediática. En su afán publicitario, y patético, retratan a sus mayores realmente existentes, que ya no saben cómo cohonestar, que diría Garaikoetxea, su apariencia por las 'nuevas formas' de hacer política -soy como Mandela, jeje- con las performances de una pandilla de encapuchados con envidia de los tiempos en los que la banda asesinaba a troche y moche. Enmascarados que atacan a un tren de niños. Un alarde chipen.

Lo cierto es que los franceses han 'invadido' felizmente San Sebastián. Lo mismo se compran medio Zara y gastan en los comercios aledaños al Buen Pastor en San Sebastián -te lo cuentan los propios comerciantes- que se atiborran de pintxos en la Parte Vieja. Dinero y puestos de trabajo. ¿Precarios? Lo serán con o sin el turismo. Conozco jóvenes que trabajan en esos bares y que no tienen el menor interés en que dejen de venir turistas.

A los de las pintadas se les da una higa la precariedad, sencillamente quieren hacerse un anuncio para que sepamos que existen. No sabíamos ni como se llamaban.

Cierto que la Parte Vieja donostiarra ya no tiene nada que ver con la de hace años: aquellos personajes, siempre con el mismo raccord, acodados en el punto exacto de la barra, así en verano como en Navidad. Eso no es malo, aquella zona de miradas siniestras ha desaparecido, pero sí lo es el nuevo hacinamiento. Las meadas y el ruido han existido siempre, con indígenas y foráneos.

El caso es que la supuesta 'nueva' forma de hacer política de los herederos batasunos -ocurrencia/error- queda retratada con el divertimento de los encapuchados de discoteca, que siguen siendo igual de xenófobos que sus mayores encarcelados.

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