Turismofobia

ABOGANDO NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

SE entiende la palabreja sin mayores explicaciones y está de .moda La Academia no la ha aceptado todavía y confiemos, por nuestro propio bien, que nunca la acepte porque desaparezca del uso tan rápidamente como surgió. Hace daño, no el término pero sí su contenido, como toda fobia. Otro similar neologismo campea: &ldquoturistificación&rdquo para significar la masificación del turismo. No hay duda que el lenguaje está vivo y su constante evolución lo demuestra. Ambos términos está muy relacionados. La cantidad de visitantes hace que no sean tan bien recibidos. Esto pasa en las mejores familias. Se dice que las visitas son como el pescado: al tercer día apestan. Claro que te tienes que aguantar si regentas una casa de huéspedes. A nivel internacional, los países que sirven de alojamiento temporal se llaman potencias turísticas y estamos de lo más orgullosos de ser la segunda, creo, con ganas de ser la primera. Ahora, si seguimos poniéndole cucarachas a las camas de los viajeros nos quedaremos compuestos y sin novia. No debemos olvidarnos que sitios agradables en el planeta hay muchos y la competencia no amenaza sólo a los Abogados. Últimamente, hemos sido beneficiados por las turbulencias que se han producido en otros puntos del globo pero esto, como todo, es pasajero. Están lejos los tiempos de al turista una sonrisa pero tampoco hay que pegarle en el suelo. De acuerdo con que la excesiva cantidad es una lata, de turistas, de coches, de comida, de bebida, hasta de dinero, según dicen, pero la culpa es también nuestra por tener un país hermoso, tranquilo -si no intervienes en política- seguro y con buen clima. Nuestro Consejero del ramo está muy contento con el aumento del número de personas que han visitado Andalucía en el primer semestre del año, un aumento porcentual interesante, con la cantidad de dinero que se han gastado, cien euros diarios por persona, hombres, mujeres y niños, lo que ha determinado un ingreso de cinco mil millones, millón arriba o abajo.

Pero no es sólo la gran cantidad la que puede causar rechazo. Su inevitable pareja, la calidad, aparece en la ecuación. En un titular de un periódico de Marbella se lee &ldquoEstrategias para combatir el turismo de baja calidad este verano en Marbella&rdquo. Cualquiera que lea eso se imagina inmediatamente -y no está descaminado- que la &ldquobaja calidad&rdquo está ligada al consumo indiscriminado de alcohol y a la producción de ruido -que parece molestar sólo por la noche aunque a mí molesta a toda hora, lo siento-. Por suerte, la otra idea asociada con vikingos venidos de otras latitudes no nos afecta directamente, ya que no se celebran aquí partidos de fútbol, bueno, no de esos que merezcan desplazamientos extrafronterizos. Pero la calidad es un concepto más amplio y más exigente que la simple borrachera y el jolgorio y corremos el riesgo de despreciar otros factores importantes si nos concentramos simplemente en aquello. Las cogorzas son fácilmente evitables. Es cosa de subir decididamente el Impuesto Especial sobre Bebidas Alcohólicas para que el precio final del producto se armonice -esto de armonizar es una metáfora para anunciar un aumento- con el resto de Europa y de Norteamérica donde si Ud. ha intentado tomar una cerveza no me dejará por mentiroso. Y las algaradas nocturnas se solucionan desconectando el suministro eléctrico por lo menos de forma parcial. Pero ¿cómo se mejora de calidad en su sentido más amplio? ¿Subiendo los precios? ¿Estableciendo un control de acceso? Hay personajes que se ven en los aviones que dan miedo por su aspecto y por sus actitudes. Inconscientemente, uno espera que sean detenidos en la frontera, cuando hay frontera, porque ya casi no hay, y se extraña cuando le han dado el mismo trato que a cualquier otro hijo de vecino. Una consulta a las bases de datos no habría venido mal pero me imagino que los policías a cargo del control tienes ya experiencia y confían en la suerte, porque ésta impera cuando se habla de lo aleatorio. No es cosa de que la cola tarde horas tampoco mientras se cachea a todo el que no vaya convenientemente vestido. ¿Se vuelve a tiempos idos cuando se controlaba el tamaño de los bañadores y el número de piezas de los que se componían? ¿Se aumenta la dotación policial para perseguir a todo el que se comporte de manera poco civilizada? ¿Se le hace la vida más difícil al que ha venido en busca de sol y playa y de algún que otro monumento?

La solución en el próximo capítulo.

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