El 'trumpazo'

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

De los amigos que tengo por el mundo, a Eddy y María Elena los recuerdo con especial cariño. Son cubanos pero viven en Florida, concretamente en Naples. Su pueblo, que seguramente no les sonará de nada, ha sido uno de los más devastados por el huracán 'Irma'. Les escribí un correo justo el día del desastre, y contestaron una semana después, cuando empezaron a ver algo de luz (eléctrica). A lo largo de su vida, ambos han sufrido numerosos fenómenos de este tipo. Tantos, que cuentan hitos de su familia en referencia a ellos: su hijo mayor, Eduardito, nació después del 'Frederic'; se marcharon a Venezuela antes del 'Katia' y llegaron a USA después del 'Andrew'.

Pero ninguno como «Doña Irma», como Eddy la llama. Tras acabar con varias islas del Caribe (St. Martin, Islas Turcas y Caicos) y arremeter contra Cuba, embistió contra los Cayos de Florida y su localidad, donde lo ha destruido casi todo a su paso. En la mayor potencia del mundo, una semana después de tocar tierra todavía no había electricidad, ni gasolina, y el agua estaba racionada, por lo que tampoco podían asearse bien. Pero ambos, que son muy creyentes, dan gracias a Dios porque todos están bien de salud y su casa escapó con algunos rasguños en la cubierta. «La comida escasea y todo lo que teníamos en el refrigerador se perdió». En ese momento de la carta, recuerdan a «un periodista de Málaga» que les habló sobre las bondades del aceite de oliva, y aseguran que desde entonces en su casa no falta «ese mágico producto». De manera que durante tres días sobrevivieron a base de «pan mohoso con aceite».

En esas estaban cuando apareció por allí el presidente Trump -que niega tajantemente el cambio climático- y declaró su «ex-bella» ciudad como zona de desastre. Ese día, por primera vez en la semana, ambos tuvieron el privilegio de comerse una hamburguesa del McDonald´s con patatas fritas, después de hacer una cola de dos horas, bajo una oscuridad total. El bueno de Eddy, que siempre ve la botella medio llena, dice que no todo fue malo, porque pudieron disfrutar de la vía láctea y de todas las estrellas del firmamento, «que no veía desde los años de los famosos apagones de Cuba».

De sus palabras me quedo con varias conclusiones, pero señalaré dos. La primera, que los huracanes, como otros fenómenos meteorológicos (las inundaciones, la sequía, etc) cada día son más virulentos; lo que responde al indudable calentamiento global. Y la segunda: que al presidencial negacionista norteamericano, la Naturaleza le acaba de dar un 'trumpazo' en toda la bocaza.

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